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Alzar la voz

Alejandro Zapata Perogordo.- Cientos de miles de personas se congregaron en las plazas públicas en pro de la democracia, alzando la voz para exigir que los gobiernos saquen las manos del proceso electoral, al considerar lo evidente de su intervención e injerencia para favorecer al partido oficial.

Fue impresionante ver las principales plazas del país abarrotadas de personas lanzando consignas en la defensa de sus derechos ciudadanos de manera pacífica. Lo más relevante fue el lleno a reventar del Zócalo capitalino, al constituir el centro de la República, es una parte emblemática que encierra un especial significado.

Una manifestación de esa naturaleza con personas que acudieron por voluntad propia, de manera libre, espontanea, sin acarreos, dádivas ni nada por el estilo, en la que participaron cientos de miles prácticamente en todo el país, no pasa desapercibida, implica un ánimo de inconformidad, de molestia e insatisfacción.

El mensaje tenía destinatario. La política de confrontación y odio en la que nos ha sumido la actual administración tuvo respuesta ciudadana, apelar a la conciencia y valores cívicos da resultados como un primer paso a la conciliación nacional, la defensa de las libertades, en especial la del sufragio sin coacción, libre y secreto, nos permite recordar que es un derecho, una conquista de la que somos herederos y, ahora se pone en riesgo.

La respuesta oficial no fue la esperada. Como es su costumbre, se minimizó y estuvo plagada de descalificaciones, epítetos y calumnias, a la altura de un peleador callejero y muy lejos de un gobernante sensible y demócrata.

No obstante, la trascendencia de los eventos tuvo niveles importantes, dieron cuenta de ello infinidad de medios de comunicación tanto nacionales como del extranjero; asimismo, las redes sociales dieron rienda suelta informando y comentando lo sucedido.

Se puede afirmar que los objetivos previstos se lograron, en buena medida se coloca en la conciencia ciudadana la importancia de votar, de ejercer ese derecho de manera libre, lo que implica una reflexión colectiva de continuidad o cambio, todo un proceso de deliberación, debate y decisión, aún más, de participación.

En ese contexto se ha integrado a la agenda nacional el tema, los que asistieron podemos señalar que están convencidos y decidieron integrarse a alzar su voz, muchos más han recibido el mensaje por la trascendencia del acto nacional, gestándose la conciencia cívica.

Un punto medular, consiste en la evidente injerencia del oficialismo en el proceso electoral, motivo de las marchas. Quien se decía demócrata ahora rompe todas las reglas y se entromete para favorecer sus intereses. Ese episodio se vivió en un pasado que ahora lo encarna, por eso era importante salir a las calles a denunciarlo, reclamar y exigirle un comportamiento como servidor público y que deje de ser jefe de campaña.

Ya de por sí deja un país con mayores problemas de cuando entró: más violencia, inseguridad, menor asistencia en salud, sin medicinas, rampante corrupción, impunidad, etc., además, dividido, confrontado, con odios y rencores, un tejido social roto y, para colmo de males, pretende manipular las elecciones.

Tan cerca de Iturbide, Santa Ana, Díaz y Huerta, como tan lejos de Juárez.

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