Inicio Dr. Alfredo Morales González A favor del gradiente de concentración

A favor del gradiente de concentración

Dr. Alfredo Morales González.- Las potencias más poderosas están dividiendo el mundo en tres grandes esferas de influencia y un sistema crecientemente multipolar, dejando atrás las reglas del multilateralismo tradicional.

Echando un vistazo a esos tres bloques principales; tenemos en primer lugar a Estados Unidos, que busca reafirmar su hegemonía directa, especialmente en su hemisferio occidental, priorizando acuerdos bilaterales de fuerza y reduciendo su participación en organismos multilaterales como la ONU; seguido de China, que cada vez expande más su influencia y poder económico,  comercial y tecnológico a nivel global, consolidándose como líder en cadenas de suministro e industrias del futuro frente a Occidente.

Y por su parte, Rusia, que mantiene su frío hermetismo en su zona de seguridad e influencia militar en su periferia euroasiática y desafía activamente el orden de seguridad europeo y occidental.

Es un orden de tres países que constantemente se está moviendo, ya se habla de China que de un segundo lugar en economía está posicionándose para muchos analistas en el primer lugar. Sin embargo, depende del dólar para sus operaciones, realmente son superpotencias que tanto una necesita de la otra, como una simbiosis constante para su desarrollo.

En todo este proceso no podemos dejar de mencionar a la IA (la Inteligencia Artificial) como parte fundamental en el gran tablero de ajedrez mundial; hoy por hoy, quien controla la IA va a controlar al mundo. Desde luego la IA no puede dominar el mundo en un sentido apocalíptico, pero sí está transformando la economía y la sociedad de forma profunda y acelerada ya que como riesgos actuales tenemos la manipulación de datos a través de los algoritmos para alterar la confianza pública a través de redes sociales y su concentración de poder. Además de que va desplazado cientos de especialidades universitarias porque consideran que ya no serán necesarias.

Mucho de lo que se está estudiando actualmente en las aulas de clase no lo van a aplicar nunca los estudiantes, ya que cuando terminen sus carreras muy posiblemente va a estar desfasado y por eso se considera que ahora es tiempo de las humanidades y la filosofía, cuando se pensaba reemplazar por la STEM  (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), gran parte de las ciencias puras, ahora  son fácilmente sustituibles por una IA y ahora es común que contraten algunas empresas de tecnología y de IA  a filósofos y profesionales relacionados a humanidades para asesorías éticas y todos los dilemas socioculturales con respecto a la gestión de la IA de todos los temas, y es gente que es insustituible por su formación humanística en contenidos culturales y artísticos para lograr la sensibilidad en las personas hasta el momento.

Algunas potencias intermedias, como India, Brasil, Sudáfrica e Indonesia intentan no quedar atrapadas en la confrontación directa entre los gigantes. Estos países buscan diversificar su comercio, energía y alianzas de manera independiente, formando nuevas coaliciones o bloques alternativos. Sin embargo, pese a todos los esfuerzos realizados en estos bloques siguen liderando las tres principales potencias: Estados Unidos, China y Rusia, por su gran peso en la economía global, su poder militar y su influencia geopolítica.

Mucho se habla de la teoría de conspiración del llamado Nuevo Orden Mundial, afirmando la existencia de un plan diseñado con el fin de instaurar un gobierno único —burocrático y controlado por sectores elitistas y plutocráticos— a nivel mundial.

Pero ¿y si ya nos encontramos en las primeras etapas de un periodo prolongado de desorden? Un mundo en el que no podemos dar por sentado que lo que era cierto ayer lo será mañana, ni que las instituciones aparentemente sólidas perdurarán. Podríamos dejar de sorprendernos con las noticias diarias. Desastres naturales como las inundaciones en Nepal y el Tíbet. Como tampoco no está claro quién envía la ayuda.

Sin embargo, ¿nos encogemos de hombros y seguimos con nuestras vidas? ¿Y se lo pasamos a las generaciones venideras? Que, por cierto, a muchos de los jóvenes actualmente se les dificulta tomar decisiones propias, adquirir compromisos y hasta cumplir con un horario laboral.

Todos estos conflictos —algunos con la capacidad de involucrar a grandes potencias— se desarrollan sin un árbitro claro. Alianzas confiables como la OTAN se ponen a prueba constantemente y podrían desmoronarse. La guerra híbrida de Rusia con Europa se está expandiendo, la competencia por los recursos en un mundo cada vez más cálido y seco ya está generando violencia.

Vivimos en un mundo cada vez más impredecible, donde, en mayor medida de lo que esperábamos, estamos a merced de nuestros líderes, quienes se sienten menos sujetos a marcos externos y tienen mayor libertad para improvisar sobre la marcha. Deberíamos elegir a quienes toman las decisiones con más cuidado que nunca, justo cuando el electorado parece menos dispuesto a hacerlo.

Se avecinan tiempos difíciles, pero el fin del antiguo sistema no tiene por qué significar el fin de la cooperación. Aún conservamos muchos de los componentes de un orden mundial eficaz. Contamos con una rica red de instituciones internacionales, muchas de ellas prácticamente invisibles, que gestionan las conexiones entre las naciones. Los tratados aún se respetan en gran medida. El derecho internacional y la soberanía pueden ser difíciles de hacer cumplir y defender, pero muchos de nosotros aún lamentamos las violaciones.

La mera existencia de una opinión pública internacional todavía puede ejercer presión sobre nuestros líderes. Muchas de las organizaciones de las estructuras en decadencia, entre ellas las Naciones Unidas, la Organización Mundial del Comercio y el Banco Mundial, están cada vez más agotadas de recursos y significado, pero aún existen.

Sin duda, la Inteligencia Artificial llegó para quedarse y para ayudarnos, abaratándonos, al mismo tiempo costos. Son herramientas auxiliares; sin embargo, es importante mantener la empatía como seres humanos ya que ese espacio no es reemplazable con robots o algún software. El intelecto del universo es social. Ha hecho las cosas inferiores a causa de las superiores y ha vinculado entre sí a las superiores. Puedes ver cómo las subordina, las coordina y las reparte a cada una según su valor, y cómo las superiores las condujo a la concordia mutua. Necesitamos generaciones pensantes y no grupos que se vuelvan procesadores de información.