Dr. Fernando A. Herrera M.- Las decisiones del CEN del PAN, bajo la dirección de Jorge Romero, amenazan con fragmentar la oposición en Chihuahua por su inexplicable negativa a competir en alianzas locales indispensables.
Morena no solo es un partido, sino una confederación de identidades regionales unidas por un hiperliderazgo central. Para ganarle, la oposición debe comprender que el país se mueve con ritmos distintos, de tal manera que la pretensión de competir con una fórmula homogénea en los desiertos del norte, en el motor industrial del Bajío y en las selvas del sur, es una ceguera táctica, aunada a un desconocimiento total de la pluralidad política del país, que solo conduciría a la derrota.
En el estado norteño y en los del Bajío, la narrativa del resentimiento social y el asistencialismo puro de los programas sociales se topa con pared frente a una cultura profundamente arraigada en el esfuerzo, en ser competitivos y en participar en el mercado internacional.
En estos estados, el electorado siempre ha sido más pragmático que en los del sur, en estos se entiende muy bien que los programas sociales solo administran la pobreza, y que solo un empleo formal los va a llevar a una real superación.
Lo anterior exige congruencia en el discurso opositor que debe ser agresivo y abanderar objetivos que posibiliten ese progreso. Entre sus propuestas deben prevalecer la atracción de inversiones por el nearshoring, insistir en la necesaria certidumbre jurídica y en la exigencia de un federalismo fiscal justo.
El electorado debe recordar con las propuestas llevadas a la práctica por la oposición, que en el norte llevó a Chihuahua a ser el mayor exportador del país y que en el Bajío hay empleos formales suficientes, que juntos con la manufactura de nuestro estado producen una octava parte de la riqueza del país y que para continuar en ese camino no deben recibir migajas presupuestales de vuelta.
Los bastiones del PAN, como Chihuahua con un 3.8% del PIB; Querétaro con el 2.4, Aguascalientes con el 1.3, y Guanajuato con el 4.5, demuestran que ese 12.1% global de aportación a la riqueza nacional, radica en resultados tangibles de gobiernos locales exitosos que deben ser escuchados por el CEN del PAN y que no se deben poner en riesgo bajo ninguna circunstancia.
En estos estados las matemáticas de supervivencia deben imponerse sobre la pretensión política de recobrar la pureza de las siglas que demanda la directiva nacional, porque impedir la construcción de frentes regionales que concentren el voto útil, sería un error de estrategia monumental.
El dilema es de vida o muerte: O permiten que cada región defina sus alianzas según sus realidades económicas y sociales, o el orgullo centralista terminará por entregar los gobiernos de los estados en juego, que son no solo el sustento de prerrogativas, sino la garantía de sobrevivencia del partido.
El único objetivo de los directivos debe ser priorizar la victoria electoral para conservar el ejercicio del poder que les da vida y sustento.
¿O hay algo más siniestro en estas negativas?
Dr. Fernando A Herrera. Periodista y politólogo, es Doctor en Administración por la UACH. Presidente del IEE Chihuahua (2006-2015); presidente de Instituciones Electorales de las entidades federativas en México (2014). Es autor de la trilogía “Secretos” filosofía para la vida cotidiana. Presidente y director general de chihuahuaexpres.com.mx
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