Inicio Perspectiva Ormuz

Ormuz

Rafael Espino.- Sin duda alguna, el control estratégico iraní del paso de buques petroleros por el estrecho de Ormuz, ha sido su arma más importante en el conflicto bélico con Estados Unidos e Israel.

El Estrecho de Ormuz es un brazo de mar angosto, entre el golfo de Omán y el golfo Pérsico, que proporciona el único paso marítimo desde aquella zona, rica en gas y petróleo, hasta el océano abierto.

Casi el 20% de la producción total del petróleo mundial, transita por este estrecho, principalmente proveniente de Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Irak, Qatar y el propio Irán. Tal es su importancia, que su cierre ha desafiado la superioridad material de las fuerzas armadas estadounidenses y condicionado en época electoral, al gobierno de Donald Trump, a buscar una solución negociada al conflicto.

El gobierno estadounidense ha anunciado prácticamente como un hecho la vuelta paulatina a la normalidad del paso marítimo, noticia que ha desatado el entusiasmo de los inversionistas en los mercados mundiales.

El plan del acuerdo incluye una tregua de 60 días, que inició el 8 de abril, mediante la que, con la apertura del estrecho, se regrese a la República de Irán al mercado petrolero mundial. No obstante, la conclusión de las negociaciones y el lograr un acuerdo final todavía resulta muy incierto.

La Agencia Internacional de Energía (AIE), ha advertido sobre una crisis energética mundial, debido a que las exportaciones desde el golfo Pérsico están a un 5% de sus niveles normales. Se viene dando un descenso en las reservas mundiales de 8.7 millones de barriles diarios. Después de haberse liberado mundialmente en marzo 400 millones de barriles de reservas estratégicas, la mayor cifra en la historia. La amenaza de una crisis energética mundial está más presente que nunca.

Según la AIE en su informe del mes de mayo pasado, “…la rápida reducción de las reservas de seguridad, en un contexto de interrupciones continuadas, podría presagiar futuras subidas de precios.” Se enfrenta mundialmente una doble amenaza económica, por una parte, el aumento en la inflación con un impacto directo en el costo de la vida y por otra el revivir al fantasma de la recesión.

Más allá de lo festivo de las declaraciones estadounidenses, lo cierto es que los mercados ya no solo esperan reaperturas temporales del estrecho, sino la credibilidad de un marco duradero que reduzca el riesgo de interrupciones energéticas, como se han venido dando desde el inicio de las hostilidades.

Son los estragos que puede causar a ambas partes la falta de un acuerdo, en lo que parecen confiar los inversionistas mundiales para poner fin a la guerra. Irán ha mostrado una muy dura resistencia, pero acusa la asfixia de no poder dar salida a la exportación de su petróleo por el bloqueo espejo impuesto por los Estados Unidos. Estos, por su parte, aun considerando que están convertidos en una potencia petrolera, sufren el aumento en el precio de la gasolina y el que en noviembre tendrán elecciones legislativas donde republicanos y demócratas se juegan el control de las cámaras.