Inicio Perspectiva 1968 no se olvida

1968 no se olvida

Dr. Fernando A. Herrera M.- Aquella masacre de jóvenes estudiantes que manifestaban y demandaban cambios necesarios, tanto en la educación como en la sociedad, no se olvida porque fueron decisiones de gobierno que jamás deben ocurrir otra vez.

El mundo entero vivió en esa época movimientos estudiantiles que protestaban y exigían cambios trascendentales. Eran cambios legítimos los que exigían, como democracia, cese de la represión y del autoritarismo, una forma de gobernar que venía de muchos años atrás, cuando había desaparecidos y presos políticos.

Aquella masacre que pretendió justificar Gustavo Díaz Ordaz ante la representación popular no puede repetirse, aunque la guerra sucia y los sucesos del 10 de junio de 1971, registrados en la historia como “el halconazo”, volvieron a sembrar terror entre la sociedad como una continuación de los sucesos del 68.

Jóvenes asesinados a mansalva en aquel jueves de corpus cuando “el halconazo” como una continuación del genocidio de la llamada “guerra sucia”.

Aquel autoritarismo se vuelve a hacer presente y en su conmemoración cabe señalar con todas sus letras que nuestro actual gobierno federal está inmerso en ese tipo de autoritarismo que puede llegar a extremos que no queremos volver a vivir.

Es conocida la admiración de AMLO por los presidentes de aquella época, particularmente de Luis Echeverría; de ahí la preocupación por el sistema de extrema izquierda que se distingue por el autoritarismo que causó la tragedia genocida en México.

Personajes emblemáticos como Guevara Niebla, Marcelo Perello, del comité horizontal coordinador de la huelga y representantes de todos los planteles y estudiantes participantes hicieron público su pliego de peticiones: libertad a presos políticos, destitución de generales represores, derogación del delito de disolución social, etc.

La intentona de suprimir la autonomía de las universidades causó la matanza en Tlatelolco, cuando desde los edificios dispararon a manifestantes por estudiantes después bautizados como los halcones al servicio del gobierno.

Se dice que los presidentes no le mienten al pueblo y la muestra de esa monumental mentira es que Gustavo Díaz Ordaz le mintió a México y todos los presidentes posteriores a base de repetirla la han convertido en verdad, pero solo para los que no saben por su juventud, pero los que viven y los que recordamos sabemos que la mentira, así sea repetida mil veces, mentira será por siempre.