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Demoliendo el país

Marcos Barraza.- Cada año salen de las escuelas cientos de miles de jóvenes a buscar un empleo y la única forma de dárselos es a través de generar crecimiento económico, crear puestos en las empresas y nuevas empresas. Tanto la industria como el comercio requieren electricidad, pero donde no hay suficiente capacidad eléctrica no hay posibilidad de crecimiento.

A fines de los años 80 se iniciaron los trabajos para integrar los países de Norteamérica. México requería incrementar en forma importante su producción de energía eléctrica; sin embargo, el gobierno no tenía recursos para invertir y además producía de forma muy ineficiente. Un informe solicitado al despacho McKinsey arrojaba que CFE tenía 8 veces más empleados que las empresas americanas y Luz y Fuerza del Centro 20 veces más.

Salinas tomó la decisión de permitir a la iniciativa privada invertir en la producción de energía eléctrica, hicieron malabarismos en la ley para que pudieran operar, pero no logró la mayoría para cambiar la Constitución.

En su sexenio Fox se propuso hacer los cambios constitucionales y fue el PRI el que se opuso, lo mismo sucedió con Calderón; sin embargo, con Peña se logró finalmente la unión de los partidos para hacer las reformas que le urgían al país desde hacía varias décadas.

Finalmente se tuvo el marco legal y las inversiones fluyeron masivamente, se instalaron parques eólicos y solares en todo el país y los costos de producción empezaron a bajar hasta alcanzar el 60% en manos de la sociedad que los manejaba en forma más eficiente y limpia.

Para bajar el costo y como la demanda es variable entran primero las energías más baratas y después las más caras. Entran primero las solares, las eólicas, las hidroeléctricas, las de ciclo combinado, las de combustóleo y finalmente las carboníferas que son las más caras y contaminantes. Las plantas de la CFE son las más contaminantes e ineficientes, pero ahora tendrán prioridad a costa de los recursos económicos de la nación.

Todo este avance se va al caño: el nuevo gobierno da marcha atrás a estas reformas hundiendo al país en el atraso y la pobreza, cancelando las ilusiones de millones de jóvenes que soñaban con integrarse a la productividad del país.

Los ahorros del presidente, ese dinero que se le quita al presupuesto y pasa a la partida secreta y de ahí a las cuentas de las Islas Caimán de los Obrador, han dejado sin refacciones a la CFE, lo que pone en grave riesgo la operación.

Justo cuando escribo esto, el noticiero de Ciro Gómez Leyva reporta apagones en el estado de Chihuahua, Coahuila y Nuevo León. Con temperaturas bajo cero y sin calefacción creo que la gente la está pasando mal, sin duda saldrá el gobierno a decir que es culpa de los neoliberales y las energías limpias hoy denostadas como intermitentes, ya salieron a decir que se congelaron las máquinas. Increíble el cinismo y descaro para mentir de este gobierno.

Los “errores” del gobierno que están destruyendo el país no son coincidencia, ni siquiera incapacidad, es una intención exacta para esclavizar al país. Los sistemas populistas criminalizan a la iniciativa privada para luego confiscarla y quedarse con toda la riqueza del país. Lamentablemente las empresas requieren de talento, disciplina y capacidad de sus dirigentes, cualidades de las que carecen los grillos, por lo que  las empresas confiscadas se van a pique.

Recientemente Nicolás Maduro reconoció el gran fracaso de las empresas en Venezuela y empieza a dejar algunas empresas en manos de la sociedad. Nosotros tendremos que vivir décadas de decadencia y pobreza para poder entender que el marxismo es un gran fracaso. Ningún país ha sobrevivido a este experimento social asesino y ladrón.

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