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También se escribe con “A”

Las personas orgullosas crían tristeza para ellas misas.  Emily Bronté, escritora británica

Cuauhtémoc Monreal Rocha.- En el aspecto religioso, se dice que hay 7 pecados capitales 7, entre los que sobresale la soberbia, palabra que es fácil escribirla pero muy difícil vencerla; los otros seis pecados no los escribimos ni comentamos en ahorro de tiempo y espacio y no enmuinar o enchamucar al editor.

Y nos acordamos de estos pecados capitales que todos los mortales cometemos, aunque digamos que no, porque la sabiduría que también se escribe con “A”, puede convertir a Claudia en una mujer soberbia y si esto llegare a suceder, sería un enorme obstáculo para la doctora, si deveras desea la unidad de 130 millones 130 de ciudadanos mexicanos, acostumbrados a vivir en la libertad y la democracia.

Si la señora Presidenta con “A”, no admite lo anterior y se deja domeñar por el pecado capital señalado, México, este país de gloria suma y de altas empresas ducados, según el poeta, dejará de ser una república y pasará a ser una monarquía o autocracia y ella será elevada a los altares de la política como una emperatriz, tal como la histórica Carlota, concentrando todo el poder, además del control absoluto del Poder Legislativo y el Poder Judicial que, de acuerdo con la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, deben ser autónomos, aunque morena diga todo lo contrario.

Sabemos que la oligarquía es el vicio de los gobernantes o lo que es lo mismo, poseer el poder absoluto, poder que, al paso del tiempo, también corrompe absolutamente al gobernante y “adláteres”, instaurando, por tanto, una tiranía o una dictadura, basándose en que el pueblo no debe saber sino creer, para de esta manera, ser más fácil adoctrinarlo, manipularlo, hasta convertir a sus ciudadanos en tontos útiles.

Esperemos que la doctora ignore y deje a un lado la soberbia y, basada en la razón, como timonel de esta nación que lo merece todo, gobierne con sabiduría y prudencia, haciendo caso omiso del canto de las sirenas y no vaya a perder el piso, si permite el nefasto culto a la personalidad, porque entonces sí caerá bajo el tremendo peso de la soberbia y el costo de ese error, lo pagará la nación mexicana. Vale.