Alejandro Zapata Perogordo.- Pese a las afirmaciones del presidente de la Cámara de Senadores, el impresentable Gerardo Fernández Noroña, para desviar el foco de atención con relación a la barbarie cometida en el Rancho Izaguirre, los acontecimientos ocurridos en ese lugar son de tal magnitud, que sus declaraciones solo sirvieron para evidenciar su mala entraña.
Las noticias han corrido a gran velocidad por todo el mundo, las comparaciones con la Alemania nazi y sus campos de exterminio no se hicieron esperar; los espeluznantes hallazgos dieron rienda suelta a la imaginación, la recreación de los sucesos ha causado conmoción.
Algo difícil de asimilar es que haya pasado desapercibido para el gobierno, los sistemas de inteligencia e información que tiene hacen presumir el conocimiento, no solo de esas prácticas sino también del lugar donde se desarrollaban, al igual que seguramente existen otros similares en diversos puntos del país, que siguen operando sin que nadie haga nada.
En muy poco tiempo fueron desmantelados centenares de laboratorios, inclusive itinerantes, dedicados a la producción de fentanilo, cuyo origen se debió a la presión del gobierno norteamericano. Ahí, el gobierno comenzó a dar resultados casi de inmediato, ubicó los lugares y asestó golpes estratégicos decomisando mercancía y deteniendo personas.
En cambio, no han sido capaces de detener el reclutamiento forzado de jóvenes para introducirlos a formar parte del crimen organizado, capacitándolos en centros de exterminio como el Rancho Izaguirre, obligándolos a matar para sobrevivir, forzándolos a llevar a cabo los actos más crueles y grotescos para mantener la vida.
Es obvio que esas cosas no han pasado desapercibidas en el gobierno; sin embargo, se hicieron de la vista gorda, dejaron actuar a los cárteles libremente y ahora vemos que no solamente se apoderaron de los territorios, sino que también ampliaron sus actividades diversificándose a controlar una multiplicidad de áreas, incursionando inclusive hasta en la obra pública, pasando por extorsión, pago de piso, cuotas sobre producción, etc.
Su crecimiento ha sido exponencial, a grado tal, que requieren de mayor personal, pese a que esas actividades ya representan un importante porcentaje de empleos en el país; no obstante, según se aprecia, necesitan más gente, pues no encuentro otra razón para obligar a jóvenes a engrosar sus filas.
Entonces me pregunto: ¿Dónde está el gobierno? ¿Realmente tiene una estrategia para combatir al crimen? ¿Va a seguir dejando que operen los centros de capacitación y exterminio? Pues bien, recuerdo que López Obrador se comprometió a atacar las causas del crimen, de ahí su famosa frase de “abrazos no balazos”, que en los hechos tuvo resultados fatídicos.
Tenemos un gobierno insensible, que en vez de aceptar su responsabilidad y corregir sus fatales errores, se cobija como víctima de una campaña de denostación en su contra, al no poder distribuir culpas al pasado, no está dispuesto a afrontar una realidad que lastima profundamente.
Da vergüenza y cala hondo observar cómo intentan eludir un asunto que deja una huella imborrable, cuando lo que se requieren son acciones contundentes, bien planeadas, con estrategia adecuadamente elaborada, sin escudarse en la politiquería para expiar sus culpas.