Dr. Fernando A. Herrera M.- En mi columna anterior escribí que Jorge Romero había metido quinta con Claudia Espino. Me equivoqué en un detalle que lo cambia todo: cuando Romero aceleró, el auto ya estaba estacionado.
La renuncia que ya estaba
El miércoles 4 de noviembre, a mediodía, el presidente nacional del PAN anunció que le llamaría a Maru Campos para pedirle que revisara el nombramiento de Espino como directora jurídica de la Secretaría de Seguridad Pública de Chihuahua.
Pero Espino ya se había ido. Su renuncia irrevocable tenía efecto desde el 2 de noviembre y la carta llegó a la dependencia el día 3. Sin explicaciones: renunció, dijo, “por así convenir a sus intereses”. Romero anunció una llamada para revisar una plaza que llevaba dos días vacía.
Cuando le preguntaron si el PAN la estaba protegiendo, respondió que para nada y que el partido no la defendería si cometió una irregularidad. Bien dicho. Pero tarde.
Caben pocas explicaciones, y ninguna buena. Si no sabía lo que pasaba en un gobierno de su propio partido, habla mal de su información. Si lo sabía y anunció la llamada de todos modos, solo buscaba salir bien en la foto del caso Guadalupe Taddei.
Mea culpa
Y aquí me toca a mí. Mi columna corrió la misma suerte que la llamada de Romero. La escribí desde la Ciudad de México, con la nota nacional en la mano y no revisé lo que ya se sabía en Chihuahua. Aplaudí una intervención que no intervino en nada.
El error es mío y lo corrijo aquí. Al lector se le debe eso: decir cuándo uno se equivocó, aunque sea en el aplauso.
Lo que no cambia
Lo que sí se sostiene es el contraste. Si con Espino Romero metió quinta con el auto estacionado, con César Jáuregui ni siquiera ha encendido el motor.
Jáuregui sigue en el módulo 4 del Altiplano, casi aislado: una hora de patio al día, una llamada de siete minutos a la semana y una visita familiar semanal. La carta que mandó al presidente nacional del PAN sigue sin respuesta del destinatario. Lo único que obtuvo fue la promesa de un colaborador.
Mientras tanto, el caso que hizo hablar a Romero sigue creciendo. La UIF congeló las cuentas de Guadalupe Taddei y de decenas de personas y empresas ligadas a proveedores del INE. Ese escándalo sí mueve al dirigente. El de un militante preso, no.
Al volante
Romero tiene caja estándar, ya lo sabemos. El problema es que también tiene el retrovisor desajustado: Ve tarde lo que ya pasó y no ve a quien tiene atrás esperando.
Yo ya ajusté el mío. Ahora le toca a él.
Dr. Fernando A Herrera. Periodista y politólogo, es Doctor en Administración por la UACH. Presidente del IEE Chihuahua (2006-2015); presidente de Instituciones Electorales de las entidades federativas en México (2014). Es autor de la trilogía “Secretos” filosofía para la vida cotidiana. Presidente y director general de chihuahuaexpres.com.mx
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