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Pueblos indígenas: más allá de la conmemoración

Aída María Holguín Baeza.- Se acerca el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, una oportunidad para mirar más allá de la conmemoración y reflexionar sobre una deuda histórica que México, al igual que muchas naciones, sigue sin saldar plenamente.

Y es que hablar de los pueblos indígenas no es referirse únicamente al pasado ni a una herencia cultural admirable; es reconocer a millones de personas que preservan formas de vida, conocimientos y lenguas que enriquecen al país, pero que continúan enfrentando profundas desigualdades.

Al respecto, la ONU estima que existen alrededor de 476 millones de indígenas en 90 países y señala que, aunque representan apenas el 6% de la población mundial, concentran al menos el 15% de quienes viven en pobreza extrema.

Es una paradoja que evidencia que quienes han protegido durante siglos buena parte de la biodiversidad del planeta y conservan sistemas alimentarios sostenibles son, al mismo tiempo, algunos de los sectores más vulnerables.

En México, esta realidad cobra especial relevancia porque los pueblos originarios son parte esencial de la identidad nacional. Sin embargo, con frecuencia siguen enfrentando rezagos en el acceso a servicios de salud, educación, justicia, infraestructura y oportunidades de desarrollo. A ello se suman los conflictos por el uso de la tierra, la protección de los recursos naturales y el respeto a sus formas de organización y autonomía.

Otro desafío impostergable es la preservación de las lenguas indígenas. En este aspecto, datos de la ONU indican que al menos el 40% de las siete mil lenguas del mundo está en riesgo de desaparecer, una amenaza que afecta especialmente a las lenguas originarias. Cada lengua que desaparece representa una pérdida irreparable de memoria, conocimiento y de una forma única de entender el mundo.

Ante este panorama, el Decenio Internacional de las Lenguas Indígenas 2022-2032 busca impulsar acciones para revertir esa tendencia. Sin embargo, las declaraciones internacionales, por sí solas, no bastan. El desafío es convertir ese compromiso en políticas públicas, educación bilingüe y espacios donde las lenguas originarias sean reconocidas, usadas y valoradas como parte fundamental del patrimonio cultural de México.

El caso es que conmemorar el Día Internacional de los Pueblos Indígenas debe ser mucho más que un acto simbólico. Debe traducirse en el reconocimiento efectivo de sus derechos, garantizar la participación de las comunidades en las decisiones que afectan sus territorios, proteger su patrimonio cultural y valorar sus aportaciones al desarrollo sostenible.

En México —al igual que en otras naciones— el futuro no puede construirse dejando atrás a quienes fueron sus primeros habitantes, pues su diversidad no es un desafío, sino una de las mayores fortalezas del país.

Al final, como afirmó Rigoberta Menchú: “Los pueblos indígenas no son el pasado. Son el presente y deben ser parte del futuro”. Convertir esa idea en realidad depende de todos.

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