Dr. Fernando Antonio Herrera Martínez.- El avión presidencial comprado por Felipe Calderón costó un poco más de 100 millones de dólares y con las adecuaciones que le hizo Peña Nieto pasó de los 200 millones de dólares. La tecnología de comunicaciones desde el avión y las lujosas instalaciones duplicaron su valor.
Todo se sustentó en tres fideicomisos a cargo de la Secretaría de la Defensa Nacional. Banobras lo compró con un crédito a cargo de Sedena. A la fecha con sólo 6.5 años de uso y 4.5 parado, su vida útil es de 20 años; un seminuevo a todo lujo y súper equipado.
Se vende en 82 millones de dólares y se deben 83 millones de dólares a Banobras, más los remanentes de los otros dos fideicomisos que no están liquidados, pues suman otros 20 millones de dólares.
Las cuentas no salen: ¿de dónde se construirán los dos hospitales de 80 camas cada uno, anunciados en Guerrero y Oaxaca? Es difícil de entender, pero el presidente está feliz porque se cumplió su promesa de venderlo.
La aritmética no lo respalda, pero su narrativa sí; para él es suficiente, por lo que, aunque la información estaba reservada sin explicación ni motivo, cuando se autorizó la línea aérea para el ejército se filtró el adeudo de 1,725 millones de pesos con Banobras.
Entonces, por más narrativa de felicidad que haya, sólo es atole con el dedo. Se vendió por abajo de su avalúo que nos habría dejado más o menos a mano, pero como se trató de una venta de oportunidad, es decir, barata, salimos perdiendo. La pirinola cayó todos ponen, los mexicanos, claro. ¡Vamos de mal en peor!


