Dr. Alfredo Morales González.- Mientras algunos países se siguen preparando para la guerra, muchos otros presentarán elecciones próximamente. Hay líderes que tienen unos discursos maravillosos para continuar con el camino de la guerra: tal es el caso de Estados Unidos, que incluso en sus discursos promete no interferir con el proceso de elecciones que tienen en escasas tres semanas, en las que, por cierto, ya se ve claramente una reacción del partido Demócrata y veremos si es algo tangible o simplemente una nube de humo que se vuelve a dispersar con el paso de los días. Pero ¿a quién le conviene que se reinicie esta guerra? ¿Quién ganaría capital político al continuar la guerra contra Irán?
Aquí tenemos a un ganador muy claro que es Benjamín Netanyahu, quien está próximo a enfrentar las elecciones parlamentarias, que están previstas a celebrarse en Israel el 27 de octubre de 2026 para elegir a los 120 miembros de la vigésimo sexta Knéset y determinar a la coalición gobernante que sucederá al 37º gobierno liderado por el primer ministro Benjamín Netanyahu.
Es muy claro que el partido Likud, de ideología conservadora liderada por Benjamín Netanyahu, sigue arriba en los escaños de preferencia israelí, lo cual indica que seguirá al frente del poder y además, junto con EU, han tenido gran impacto en las elecciones de Latinoamérica inclinando la balanza a la derecha y ultraderecha en nuestra región. Tal pareciera que la democracia no es más que una palabra que a veces pareciera carecer de significado y se vuelve un simple sonido con nuestras palabras al hablar.
Recordando un poco el discurso de Theodore Roosevelt “El hombre en la arena”, que celebra “Al hombre… aquel cuyo rostro está manchado de polvo, sudor y sangre; al que lucha con valentía”. A diferencia de aquel que permanece al margen. Roosevelt pronunció este discurso poco antes de dejar su cargo, en la cima de su popularidad.
Theodore Roosevelt fue un gran hombre. Sin embargo, también fue objeto de una compulsión, una adicción al trabajo y a la actividad que parecía inagotable. Muchos compartimos esa afección: nos impulsa algo que no podemos controlar. Tememos quedarnos quietos, por eso buscamos el conflicto y la acción a modo de distracción. Elegimos estar en guerra –en algunos casos, de forma literal– cuando, de hecho, la paz es una alternativa mucho más honorable y valiente.
Si el hombre en la arena es admirable, al igual que un soldado, el político, la mujer de negocios y todas las demás profesiones. Pero –y este es un gran pero– solamente si estamos en la arena por los motivos correctos.
“El humilde arte que aprendiste, ámalo, descansa en él. Lo que te queda de vida transítalo como si hubieras puesto en manos de los dioses todo lo tuyo, de todo corazón, como un hombre que no se presenta como dueño y señor, ni como esclavo de nadie.” MARCO AURELIO



