Inicio PALIACATE Madurex de 500 mg

Madurex de 500 mg

Alejandro Cortés González Baez.- Buenas tardes padre. Me llamo NN y mi esposa N. Venimos a ver si nos puede atender unos minutos. Espero que no lo hayamos interrumpido. Adelante. Vamos a ver. ¿De qué se trata? Pues venimos para pedirle ayuda, porque desde hace tiempo estamos teniendo algunos problemas. Bien. Cuéntenme, ¿qué tipo de problemas? Habla uno; el otro sin levantar la vista, oye, e interrumpe para aclarar que no es exacto algo de lo que acaba de decir su cónyuge.

Este es el tenor de muy frecuentes charlas donde los esposos vienen buscando una luz que los ayude para resolver sus problemas. Los relatos, aunque variados, suelen coincidir con frecuencia en asuntos de deficiente comunicación, faltas de respeto, faltas de interés y comprensión, algunas veces infidelidades, vicios como el alcohol, pornografía, el juego, el uso del celular, determinadas amistades…

Dentro de estas historias de desamor no faltan las imprudencias de haber ventilado sus problemas con terceros, quienes rara vez tienen capacidad y criterio para poder ayudar. Algunas parejas han pasado, además, por terapias de orientadores familiares, otros sacerdotes, algunos psicólogos, etc. Pero los problemas continúan, las afectaciones sobre los hijos son obvias y a veces éstos entran en la problemática complicando la situación.

Las faltas de paciencia, acompañadas de la pérdida de confianza, suelen ser el telón de fondo en la mayoría de los casos, pues tienen la experiencia de haber hecho promesas que no cumplieron, y lo que parecía un fuego extinguido revive como suele suceder en muchos incendios forestales.

Con frecuencia resulta difícil armar el rompecabezas, porque lógicamente cada uno ve los problemas con un matiz muy personal. No debemos perder de vista que hay una forma masculina y otra femenina de apreciar la realidad con sus innumerables circunstancias, por lo que el factor del sexo es de mucha importancia.

Las preguntas van buscando el camino de la problemática. Aparecen datos de hechos y actitudes que ayudan a descubrir las deficiencias personales. Gran parte de las contrariedades matrimoniales se detonan por la falta de madurez de uno, o de los dos. Está claro que a nadie le gusta que le digan que es inmaduro, pues todos aquellos que han decidido casarse piensan que son personas conscientes y con el suficiente criterio para afrontar las responsabilidades inherentes a la formación de una familia, pero desafortunadamente, en gran parte de los casos, no es así.

No es posible convertir, como por arte de magia, a un inmaduro en una persona con el grado de perfección que lo capacite para poder enfrentar sus deberes como esposo(a) y padre o madre, como tampoco podemos hacer que una planta dé el fruto deseado a base de jalar el tallo o el tronco hacia arriba. Esto podría producir en nosotros el desaliento pensando que estamos destinados al fracaso, pero no debemos caer en ese error, pues siempre se puede ayudar a crecer en las virtudes necesarias.

Mi experiencia me ha demostrado que —siendo yo una persona ajena al problema— el solo hecho de señalarles que determinadas actitudes son claras muestras de inmadurez, les ayuda a descubrir algo de lo que no se habían percatado. A veces decirles cosas como: “¿Te das cuenta que eso que hiciste es una reacción propia de un adolescente?”, les ayuda a aceptar que no están actuando con la madurez debida, y desde ese punto ya se puede comenzar a trabajar en aspectos de lucha concretos. Hay muchos matrimonios que podrían salir adelante si no se dejaran manejar por el orgullo y buscaran la ayuda adecuada.

www.padrealejandro.org