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Las fuerzas del mal

Raúl Ruiz.- El combate del Estado Mexicano contra las organizaciones criminales es muy disparejo.

Tengo la sensación de que los malandros, superan a los cuicos al menos con el doble de inversión en equipo de inteligencia, contrainteligencia, vehículos, armamento, pero sobre todo en organización y logística.

Nos encontramos ante una escalada de fuerzas, en la que casi siempre, los criminales burlan la intención policíaca.

Esta deficiencia, tiene mucho que ver con la corrupción y complacencia de las corporaciones policíacas, pero también con la capacidad “empresarial” del narcoimperio.

En la Mañanera del Pueblo realizada el día de ayer, el Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana de México, Omar García Harfuch, afirmó que la lucha que se libra contra el cártel de Los Chapitos, en Culiacán, ha dado buenos resultados, pues a diario realizan operativos en los que se ha detenido a muchos criminales, se han asegurado muchas armas, vehículos y propiedades con narco túneles, pasadizos y rutas de escape, al grado de considerar un gran avance en el debilitamiento de esta organización criminal.

Pero lo más insólito, es el anuncio del aseguramiento de un equipo profesional de C4, en aquel nido de malandros.

Según información oficial, ese centro de monitoreo CLON, tenía control de 300 cámaras distribuidas por toda la ciudad y, además, contaba con tecnología avanzada para espiar no sólo al grupo rival de La Mayiza, sino también los movimientos de las autoridades. El centro no estaba oculto, sino que operaba en una zona residencial muy conocida.

Dicen algunos especialistas que esta información puede ser un poco distorsionada, una cortina de humo para cubrir el fracaso del galanazo Harfuch, pues en la realidad, no se percibe tal desmantelamiento del equipo de los chapitos, contimenos de la Mayiza.

Uno, desde afuera no puede saberlo. Lo que sí, es que la percepción nos hace pensar, la ineficiencia del personal de las corporaciones, que nunca ven nada con las casi 5 mil cámaras que tienen en cada ciudad.

Y los malandros, con 300, que ya son un chingo, se saben organizar para cometer sus “travesuras” y armar sus rutas de escape.

Por lo pronto, yo no veo muy atemorizados a los ahora mal llamados “terroristas”, por la amenaza de Donaldo Trompas. Una incursión bélica norteamericana, independientemente del caos que produciría en todos los aspectos, daría como resultado un sangriento Vietnam en el que los gringos, ganando, pierden.