Carlos Angulo Parra.- En los últimos meses la presidente Sheinbaum ha mencionado de una manera obsesiva la palabra “soberanía”. Todo mundo habla de ella, tiene una noción remota de su significado, pero, les paso algunas acepciones proporcionadas por Copilot, la inteligencia artificial que utilizo:
- Soberanía: Poder supremo que tiene un Estado para gobernarse a sí mismo.
- Soberanía nacional: Derecho de una nación a decidir sobre sus asuntos sin interferencia externa.
- Soberanía popular: Principio según el cual el poder político reside en el pueblo.
- Soberanía territorial: Autoridad exclusiva de un Estado sobre su territorio.
- Soberanía política: Capacidad de un gobierno para tomar decisiones y ejercer su autoridad de manera independiente.
Hasta ahí lo que nos dice la inteligencia artificial.
Mi maestra de Teoría del Estado, la Dra. Aurora Anaez, nos daba una definición jurídica al respecto, que decía: “Soberanía es la facultad de decidir en última instancia, aunque no haya norma que aplicar al caso concreto”.
En palabras llanas y vulgares “hago lo que se me pegue la gana”. Pero, en un Estado moderno, la cosa no es tan sencilla como aparece. Veamos, el artículo 39 de nuestra Constitución, que dicta lo siguiente:
“La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.”
Los políticos malinterpretan constantemente este precepto esencial de nuestra democracia diciendo que el pueblo tiene el derecho de la soberanía (de hacer “lo que se le pegue la gana”), y, claro está, el político pretende arrogarse ese derecho diciendo que representa al pueblo. No hay nada más falso que eso.
Veamos, sí el pueblo tiene la soberanía, pero a todos les pasa desapercibido el hecho de que el precepto constitucional dice “La soberanía nacional reside esencial y originalmente en el pueblo.” {el énfasis es nuestro].
Es decir, que el pueblo ha pasado esa soberanía que tuvo de forma original a nuestra Constitución. De esa manera se garantiza al propio pueblo que no se va a abusar de él por parte de los grupos de poder, a menos de que se viole la Constitución.
De estas nociones esenciales derivan múltiples efectos políticos de actualidad. A saber:
1. Tuvimos un verdadero Golpe de Estado, cuando el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, sin fundamento alguno, literalmente haciendo lo que se le pegara la gana, otorgó al oficialismo una sobrerrepresentación en la Cámara de Diputados de más del 70%, cuando había tenido un poco más del 40%, dándole a la oposición una subrepresentación que la bajó al 20%, cuando había obtenido un poco más del 30%. Esto, junto con unos movimientos de presión en la Cámara de Senadores, hizo que el régimen:
2. Literalmente destruyeron el Poder Judicial de México con una reforma constitucional que realizaron con la ilegal sobrerrepresentación que hicieron. Esto ha causado una drástica baja de inversión y nulo crecimiento económico, por la falta de seguridad jurídica causada.
3. También se destruyeron la mayoría de los órganos constitucionalmente autónomos, dejando al Ejecutivo Federal manos libres para actuar sin controles constitucionales.
4. El gobierno de Estados Unidos, conforme al Tratado de Extradición signado por dicho país con México, que tiene rango constitucional, ha solicitado la detención, con fines de extradición de 10 funcionarios sinaloenses, por nexos con el crimen organizado, empezando por el gobernador Rocha Moya, el senador Inzunza y otros más (de los cuales dos se entregaron voluntariamente a los gringos).
La presidente, en franca violación al tratado, se ha negado a detenerlos exigiendo pruebas, cuando el tratado indica que las pruebas se entregan dentro de un plazo de 60 días, después de su detención.
En este caso la presidente Sheinbaum aduce soberanía, cuando el pueblo soberano, con el tratado de extradición, puso leyes y disposiciones que la presidente se niega a acatar aduciendo una soberanía, de la cual ella no goza.
5. Finalmente, grandes áreas del territorio nacional están en manos de los narcos del crimen organizado, que no respetan ninguna ley, extorsionan, explotan y abusan de la población, haciendo lo que se les pega la gana, actuando de una forma soberana ¿Y el pueblo y su soberanía?; “bien gracias”.



