Dr. Fernando A. Herrera M.- Una en la que fuimos incapaces de entender a nuestros hijos y, menos, todavía, a nuestros nietos.
Quienes nacimos en la pobreza estábamos condenados a repetir el ciclo. Así pasó y pasa con demasiadas personas. Algunos, afortunadamente, logramos superar y aprender de lo que vivimos, pero al crecer y progresar poco a poco, les dimos lo que no tuvimos, pero les quitamos la compañía y la presencia para ayudarlos a crecer.
A nosotros nos informaban la televisión y los periódicos, y cuando teníamos alguna duda o reclamo acudíamos a nuestros padres. Pero a ellos todo esto no les importa ni les sirve; tienen algo a la mano que no hemos entendido: tecnología y las redes sociales que son su recurso y su refugio.
Ellos se expresan por ahí. Por ahí hacen amigos, por ahí conviven, estudian y aprenden y hasta se enamoran. Por eso parecen ausentes, porque no acuden ni llegan corriendo a consultar a sus padres.
Estoy seguro que aprenderán a reinventar el mundo que les dejaremos, pero nos perderemos de convivir con ellos si no aprendemos a escucharlos y solo al oírlos una y otra vez aprenderemos a comunicarnos.
La pretensión de etiquetarlos como una generación que no aprecia lo que tienen es una estupidez monumental. Ellos viven en el mundo que construimos, que está lejos de ser perfecto y en ese mundo les tocará desarrollarse y aprenderán de sus propios tropiezos, nunca de los nuestros.
Por eso prefiero mirar desde otro ángulo. El único en el que creo tener algo de autoridad moral para opinar es el de abuelo. Solo así, la etiqueta deja de ser sobre ellos para convertirse en una autocrítica a nosotros mismos.
Mi infancia, como la de millones, no tuvo nada. Fue una infancia de carencias y violencia, en un entorno del que a los 14 años fui expulsado. De ahí en adelante, la vida fue construir con una obsesión: que a los míos nunca les faltara lo que a mí. Le di a mi madre, le di a mis hermanos, después a mis hijos.
Y mis hijos, con una mejor educación, multiplicaron todo varias veces para los suyos.
Llegaron mis nietos: esa generación que quieren etiquetar como de cristal, creyendo que ellos conocen nuestra historia. Ahora pretendemos criticarlos porque tienen sus redes sociales, la inteligencia artificial, creyendo que la tienen fácil. Y no es así, al igual que nosotros, aprenderán peleando sus batallas.
El error garrafal de nosotros que crecimos con poco y salimos adelante es haber confundido resarcir con educar, en lugar de usar el aprendizaje de las dificultades para ayudarlos a forjar herramientas frente a la vida, les dimos cosas y los dejamos solos.
Fue por amor, sí, pero amor mal orientado, que decidió que nuestro tiempo era mejor aprovechado trabajando que ofreciendo nuestra presencia.
Por eso la autocrítica no puede quedarse en eso, debe ser una autocrítica compartida entre abuelos e hijos porque si no hacemos este análisis, la grieta entre nosotros, nuestros hijos y los nietos se va a abrir más.
Lo que nuestros hijos y nietos necesitan no es la crítica irracional de que ellos “viven mejor que nosotros y que no lo aprecian”, cuando lo que necesitan es nuestro amor incondicional y el apoyo de ser parte de una familia.
Ellos se encargarán del futuro, de eso no debemos tener duda, pero lo que sí necesitan es que escuchemos y aprendamos a comunicarnos con ellos. Y no es un idioma nuevo, sino uno que nos permitirá estar presentes.
A los gobiernos les toca diseñar las políticas públicas para evolucionar en la atención integral de la salud y la educación. Necesitamos líderes, no trabajadores obedientes ni adoctrinados. Necesitamos jóvenes en libertad de elegir su rumbo y alcanzar sus objetivos.
No son una curiosidad de las redes, ni son una generación débil ni de cristal, sino una nueva generación, con herramientas nuevas y que serán quienes hereden este país.
Nuestra tarea es incorporarnos lo mejor que podamos a la velocidad que llevan estas generaciones. Y la de los gobiernos es tratar de entregarles las mejores cuentas de lo que hicieron con el país.
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Dr. Fernando A Herrera. Periodista y politólogo, es Doctor en Administración por la UACH. Presidente del IEE Chihuahua (2006-2015); presidente de Instituciones Electorales de las entidades federativas en México (2014). Es autor de la trilogía “Secretos” filosofía para la vida cotidiana. Presidente y director general de chihuahuaexpres.com.mx
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