Inicio EL MEOLLO DEL ASUNTO La familia no se rompió sola

La familia no se rompió sola

Daniel Valles.- Durante años nos han querido vender la idea de que la familia en México se está deshaciendo por falta de valores, por libertinaje o por una supuesta decadencia moral. Es una explicación cómoda… y falsa. Los datos duros cuentan otra historia, mucho menos ideológica y bastante más incómoda.

Entre 1990 y 2020, el modelo de familia tradicional —mamá, papá e hijos— perdió más de 20 puntos porcentuales de presencia en los hogares mexicanos. No fue un derrumbe repentino ni una moda pasajera. Fue una erosión constante, silenciosa y acumulativa. Mientras el discurso público seguía romantizando a la familia como “el núcleo de la sociedad”, las condiciones reales para sostenerla se iban evaporando.


La familia no se rompió: la fueron dejando sola.

Los estudios basados en datos censales muestran con claridad la tendencia: menos hogares biparentales, más hogares monoparentales, más personas viviendo solas y más familias extendidas intentando cubrir lo que antes resolvía el núcleo inmediato.


El primer golpe vino por el lado económico. El modelo familiar del siglo XX se sostenía en cierta estabilidad laboral, ingresos previsibles y tiempo disponible. Hoy tenemos lo contrario: empleos informales, salarios precarios, jornadas extendidas y padres —los dos— trabajando fuera de casa para apenas sostener el mes. La familia se volvió un proyecto de alto riesgo, con poca red y nulo colchón.


A esto se sumó el cambio cultural. Pasamos del deber a la autorrealización. Antes la familia se sostenía “porque así debía ser”. Hoy se evalúa bajo el criterio de satisfacción personal. El conflicto ya no se tolera, se cancela. La permanencia ya no es virtud, es sospecha.


La transición demográfica hizo el resto: menos hijos, matrimonios más tardíos, mayor esperanza de vida. Hogares pequeños, adultos mayores sin red cercana y una familia extendida que vuelve a ser necesaria, pero sin reconocimiento ni apoyo.


Las instituciones que antes acompañaban a la familia se replegaron. Comunidad, iglesia, redes vecinales y mecanismos de mediación se debilitaron. Hoy, la familia enfrenta violencia, adicciones y crisis económicas prácticamente sola. Se le exige todo y se le ofrece casi nada.


Luego nos sorprendemos de la violencia, la soledad y la fractura social.


Decir que la familia es primero no sirve de nada si nuestras decisiones laborales, económicas, políticas y personales la empujan siempre al último lugar.


“Si la familia es primero, si es nuestra más alta prioridad, necesitamos hacer el trabajo, el esfuerzo de mantener nuestras decisiones en la vida en coordinación con nuestras prioridades”.


La familia no se sostiene con discursos. Se sostiene con tiempo, condiciones, comunidad y coherencia. Así es El Meollo del Asunto.

elmeollodelasunto@gmail.com