Aída María Holguín Baeza.- El pasado 21 de agosto se estrenó en Netflix “La captura”, película mexicana inspirada en hechos reales.
Confieso que, al ver que ya estaba disponible, no la vi de inmediato. Estuve pensando si verla porque, desde hace tiempo, muchas películas mexicanas de producción reciente me habían dejado decepcionada por distintos motivos, pero sobre todo por la tendencia a mostrar, una y otra vez, lo peor de México y de los mexicanos.
Finalmente la vi y quedé gratamente sorprendida. La cinta retoma la historia de la recaptura de Joaquín “El Chapo” Guzmán en 2016, pero desde la perspectiva de los policías que participaron en aquel operativo.
Definitivamente no es una película que vaya a competir por un Óscar, pero la trama tiene un mérito que merece ser reconocido. Y es que, en lugar de volver a colocar al narcotraficante en el centro, como tantas veces ocurre, “La captura” se centra en dos policías que se encuentran frente a uno de los hombres más buscados de México y deben enfrentar el peligro, el miedo, las amenazas y la tentación del dinero.
Hacía mucho que una película mexicana no ponía en toda la pantalla una de esas historias que muestran lo mejor de México, lo que somos y también debemos ser. Y ahí está, para mí, el verdadero valor de la película.
Porque hay honrosas excepciones que deben visibilizarse y conductas que deberían ser la regla, no la excepción. Por eso resulta grato que una película exponga esa otra parte de México que muchos creen que no existe porque aquí “el que no tranza no avanza”.
Quizás no se avanza en lo económico, pero sí en dignidad, integridad y en construir una sociedad distinta. Porque sí se puede ser honesto e incorruptible sin morir en el intento, y sí se puede cumplir cabalmente con el deber, aun cuando hacerlo implique presión, miedo o riesgo.
Son, pues, historias que también deben formar parte de la narrativa con la que construimos nuestra identidad como sociedad.
Hay, además, una coincidencia que hace particularmente cercana esta película para Chihuahua: aunque los hechos ocurrieron en Los Mochis, gran parte del rodaje tuvo lugar en Chihuahua capital y en carreteras cercanas, lo que también permitió que estudiantes de la carrera de Comunicación de la URN campus Chihuahua participaran como ‘trainees’ de producción y dirección.
Que jóvenes chihuahuenses hayan tenido esta experiencia permite mirar otra realidad que también merece ser contada: la de quienes buscan abrirse camino profesionalmente y quienes generan condiciones para que esas oportunidades ocurran. En ello ha sido importante la gestión del coordinador de la carrera, Juan Sauceda Tovar, quien ha buscado acercar este tipo de experiencias a los estudiantes.
Tal vez “La captura” no sea una película perfecta. Pero no todas las historias tienen que serlo para resultar valiosas. A veces basta con recordarnos algo que olvidamos: que hay mexicanos que hacen lo correcto.
Y esa también es una historia de México. Una que merece ser contada.
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