Inicio EL MEOLLO DEL ASUNTO Guacamole con sabor a miedo

Guacamole con sabor a miedo

Daniel Valles.- En Estados Unidos el Super Bowl es un espectáculo deportivo. En México, el Super Bowl es una temporada económica… y también criminal.

Cada año, millones de personas se sientan frente al televisor con un plato de alitas, cerveza fría y un tazón de guacamole. Lo que no ven es la otra mesa: la del productor, el empacador, el transportista y el comerciante que, antes de que el aguacate llegue al anaquel, ya pagó un “impuesto” que no aparece en ningún recibo.

México exporta más de un millón de toneladas de aguacate al año a Estados Unidos. Es un negocio que ronda los cuatro mil millones de dólares. Y cuando un negocio alcanza ese tamaño, en este país no tarda en llegar el crimen organizado a extender la mano.

Según comerciantes y organizaciones del sector, la extorsión en la cadena del aguacate oscila entre tres y cinco por ciento de los costos totales. Traducido: entre noventa y seis y ciento sesenta millones de dólares al año, solo en lo que se exporta a Estados Unidos. No es una mordida ocasional, es un sistema paralelo de recaudación.

Durante la temporada del Super Bowl el problema se agrava. En Estados Unidos se consumen decenas de millones de aguacates en cuestión de días. En las semanas previas al juego se envían más de ciento veinte mil toneladas desde México. La demanda sube, la presión logística aumenta y el crimen aprieta. No porque haya más aguacate, sino porque hay más dinero circulando.

Aquí conviene decir algo con claridad: aunque el precio del guacamole suba o baje en el supermercado estadounidense, la extorsión no fluctúa por el mercado. El cobro de piso no obedece a oferta y demanda, obedece a control territorial y a miedo.

¿Quién paga ese costo? El productor primero, reduciendo su margen o endeudándose. Luego el transportista y el distribuidor. Y al final, el consumidor, aquí o allá, aunque no lo note en cada centavo.

Lo grave no es solo el dinero. Lo grave es que hemos normalizado que un producto agrícola estratégico se mueva bajo reglas impuestas por grupos criminales. Hemos aceptado que la violencia se financie con aguacates, limones, pollos o tortillas, mientras discutimos si el guacamole está caro o barato este año.

Este no es un problema local ni un asunto menor de comercio. Es un problema de seguridad nacional, de reputación internacional y de Estado. Un país que no puede proteger a sus productores, tampoco puede hablar con seriedad de desarrollo económico.

La solución no está en operativos espectaculares ni en discursos de temporada. Está en blindar la cadena completa: seguir el dinero, proteger a quien denuncia, romper las redes financieras de la extorsión y asumir que mientras el crimen cobre impuestos, el Estado está ausente.

Porque el guacamole puede ser la botana del Super Bowl, pero la extorsión no es folclor, no es anécdota y no es inevitable. Es violencia organizada convertida en modelo de negocio.

Y mientras no se combata como tal, cada cucharada tendrá un ingrediente invisible: el miedo. Ahí El Meollo del Asunto.