Inicio EL MEOLLO DEL ASUNTO Escuelas Púbicas y adeudos de agua

Escuelas Púbicas y adeudos de agua

Daniel Valles.- Hay deudas que no hacen ruido… hasta que revientan. La que hoy se reconoce —más de mil 160 millones de pesos que adeudan escuelas públicas y privadas por consumo de agua— no apareció de la noche a la mañana. Se incubó durante años, con la paciencia de una gotera mal cerrada y la complicidad silenciosa de todos los niveles de gobierno. No es un error administrativo: es un síntoma de algo más profundo y más grave.

Durante décadas se mandó un mensaje claro, aunque nunca se escribió en ningún reglamento: las escuelas no pagan el agua… y no pasa nada. Y cuando no pasa nada, pasa todo.

Se confundió lo público con lo gratuito. El agua nunca ha sido gratis. Alguien la extrae, la potabiliza, la bombea, la conduce y la vigila. Todo eso cuesta. Pero en el imaginario burocrático se instaló la idea de que, por tratarse de escuelas, el pago podía posponerse indefinidamente. El resultado fue lógico: no se pagó, no se cuidó y no se invirtió.

A esto se sumó la falta absoluta de consecuencias. Las juntas de agua toleraron el adeudo durante años. No hubo sanciones ni esquemas claros de regularización. La deuda dejó de percibirse como tal y se volvió una costumbre administrativa.

Las condiciones físicas de muchas escuelas completaron el círculo vicioso: baños obsoletos, fugas internas, bebederos en mal estado y redes hidráulicas sin mantenimiento. Todo ello incrementó el consumo, pero nadie corrigió porque nadie pagaba.

El problema se agravó con la descoordinación entre federación, estado, municipios y particulares. El recibo llegaba puntual, pero nadie sabía quién debía presupuestarlo. Así, el problema se heredó sexenio tras sexenio.

Hoy, el nuevo enfoque de pagar y reinvertir en infraestructura escolar es una salida sensata. No es perdón, es orden. No es castigo, es responsabilidad. El verdadero reto no es cobrar, sino no volver a permitir que el sistema educativo crezca sobre una deuda silenciosa.

El problema no nació de la mala fe, sino de la indolencia institucional. Educar también es enseñar con el ejemplo que los recursos se pagan, se cuidan y se respetan. Ahí El Meollo del Asunto.