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Entre su imaginario Olimpo y el lodazal

Dr. Fernando A. Herrera M.- Es un ejercicio verdaderamente divertido —y por momentos macabro—, escuchar al ministro en retiro José Ramón Cosío desmenuzar las intenciones detrás de la más reciente aparición de Andrés Manuel López Obrador.

En su última cátedra, el mandatario decidió jugar al historiador oficial para recetarnos su propia versión de las tres grandes gestas de la nación, un relato convenientemente mutilado y acomodado a sus necesidades políticas.

De la Independencia ensalzó lo que su entendimiento le dicta sobre Hidalgo y Morelos, borrando de un plumazo los cinco años de vacío y la culminación real del 27 de septiembre de 1821.

Al llegar a la Reforma, esquivó con destreza la sangrienta guerra fratricida entre liberales y conservadores que dejó al país en la ruina antes de la intervención francesa.

Y de la Revolución, redujo el rompecabezas a la figura de Madero como el “Apóstol de la Democracia”.

Pero este paseo escolar no era gratuito. El verdadero propósito del viaje en el tiempo era el egocentrismo puro: colocar su propia figura como el vértice exacto de la historia moderna. Para él, siglos de sangre, sacrificio y sufrimiento nacional no fueron más que el prólogo necesario para su llegada.

Él, y solo él, es el punto de convergencia donde culmina el pasado y arranca el rumbo seguro de la Cuarta Transformación. Es, en toda su expresión, la encarnación viva del “mesías tropical” que con tanta precisión quirúrgica definió Enrique Krauze.

Sin embargo, el viaje al Olimpo duró poco. El baño de agua fría para la audiencia llegó de inmediato, transformando la épica nacional en un grotesco desencanto.

Apenas terminó de entronizarse en el altar de los héroes patrios, el redentor se bajó de su nube para revolcarse en el lodazal más común y mundano. Sin la menor dignidad presidencial, dedicó el resto de su tiempo a lo que mejor le sale: odiar con agenda en mano. El supuesto heredero de Juárez se convirtió en un vulgar señalador, dictando con nombres y apellidos quiénes son los supuestos “fascistas enemigos de México”.

Así, en un abrir y cerrar de ojos, la recién entregada investidura se diluyó en ataques viscerales dirigidos a Carlos Loret de Mola, Carmen Aristegui, Ciro Gómez Leyva, Héctor de Mauleón y Joaquín López-Dóriga. Pero el rencor no se detuvo en las fronteras de la prensa; en su afán de pleito, escaló la verborrea para arremeter contra la diplomacia del vecino del norte, tachando de “prepotente e injerencista” el proceder de los embajadores de Estados Unidos.

Convirtió el micrófono oficial lo mismo en un banquillo de acusación inquisitorial para el periodismo local que en una arena de berrinches internacionales.

Al final, la simulación se cae por su propio peso. En los días por venir, al ver las portadas, quedará una pregunta flotando en el aire: ¿Estamos ante el epicentro histórico donde converge el destino de la nación o simplemente ante un redomado y pequeño odiador incapaz de tolerar la crítica y la diplomacia extranjera?

Contradicciones en el TEPJF

El máximo tribunal electoral del país le corrigió la plana al Instituto Nacional Electoral en un asunto que raya en la falta del sentido común: las llamadas “boletas planchadas” o sin doblar. En la sesión, la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) determinó por unanimidad que los sufragios que aparezcan en la urna completamente lisos no podrán computarse como votos válidos.

Durante la ponencia, se realizó una demostración física contundente: una boleta tal y como la entregan, extendida, simplemente no cabe por la ranura de la urna. El INE, en un intento de justificar un supuesto control de “calidad” y certeza, pretendía dejar a discreción de los consejos distritales si estas hojas lisas se sumaban o no al cómputo. Sin embargo, la lógica se impuso.

El magistrado Felipe De la Mata Pizaña evidenció que, al ser físicamente imposible introducirlas de manera lícita, estas boletas deben ser anuladas, inutilizadas y separadas desde las mismas casillas a cargo de los ciudadanos.

En esta misma discusión, el magistrado Reyes Rodríguez Mondragón emitió un voto particular parcial. Aunque respaldó la invalidez de estas anomalías, su voto evidenció las persistentes fracturas y criterios divididos en la cúpula del tribunal, al marcar distancia sobre las formas de argumentación de la mayoría en el proyecto definitivo.

Por otra parte, y exhibiendo la flagrante balanza de contradicciones que caracteriza al máximo tribunal, hoy mismo fueron confirmadas decisiones opuestas sobre la equidad de la contienda. El mismo pleno que se pone estricto con el doblez del papel, desechó los reclamos de los partidos de oposición en torno a las campañas adelantadas de Morena, dejando firme el criterio de que no se trata de proselitismo anticipado, sino de meros “actos de reorganización” de los partidos políticos.

Un verdadero regalo de quince años para el partido guinda, que celebra este aniversario en las lides políticas con ocho años de mantener el poder centralizado.

Para colmo de males en la agenda del día, la misma sesión ratificó otra estocada institucional: el TEPJF validó la cuestionada mayoría calificada de Morena y sus aliados en la Cámara de Diputados, bateando definitivamente las impugnaciones de la oposición bajo el argumento de que el reparto previo hecho por el INE era legal.

Así las cosas en el tribunal: estrictos con la geometría de las boletas, pero flexibles con la geometría del poder.

Dr. Fernando A Herrera. Periodista y politólogo, es Doctor en Administración por la UACH. Presidente del IEE Chihuahua (2006-2015); presidente de Instituciones Electorales de las entidades federativas en México (2014). Es autor de la trilogía “Secretos” filosofía para la vida cotidiana. Presidente y director general de chihuahuaexpres.com.mx

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