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El Santo contra Blue Demon

Tarde o temprano, el hombre siempre ha tenido que decidir si adora su propio poder o el poder de Dios. Arnold J. Toynbee, filósofo británico

Cuauhtémoc Monreal Rocha.- En el box, el anunciador sobre el ring grita… pelearán 10 rounds, sin saberse en qué asalto termine el pleito o si llegará al final; en la lucha libre, el anunciador grita… pelearán a dos a tres caídas sin límite de tiempo… y los estetas del pancracio se dan vuelo divirtiendo a los aficionados con circo, maroma y teatro.

El título de esta colaboración, El Santo contra Blue Demon, valga simplemente como sarcasmo para entrarle de lleno al tema, y tú, lectora (or), decide si la pelea verbal que se traen el Santo Padre y Donald J. Trump es de box o lucha libre, pues ambos, a lo largo de la semana, se la han pasado en dimes y diretes; solo les falta decirse de lo que se van a morir.

Al parecer, la pelea la inició Blue Demon, o sea Trump, al decirle al Santo, o sea al Santo Padre, que es un hombre débil y que protege al crimen, y Su Santidad, como jefe del Estado Vaticano, le reviró al jefe de Estados Unidos, o sea Trump, diciéndole que Dios no está con los soberbios y prepotentes.

Ambos personajes han seguido llamando la atención internacional con sus dimes y diretes, pero el paisita de Donald, León XIV, ya dijo que no quiere entrar en controversia, que no tiene caso, y hace bien el Papa, pues su principal misión vitalicia es apostólica: debe difundir el Evangelio y no meterse en los asuntos mundanos; estos le tocan, y solo por cuatro años, al hombre del Capitolio, al hombre de la Casa Blanca.

Bueno, eso creemos nosotros, partiendo del concepto de que a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César; solo hay que recordarle a Trump lo dicho por El Caballero de la Triste Figura, Don Quijote de la Mancha: Con la Iglesia hemos dado, Sancho.

Y ahora: ¿Cuál es el café más peligroso? El ex preso.