Lic. Maclovio Murillo.- En tanto que el pujante estado de Israel, ha convertido la escasez de agua en una oportunidad tecnológica y ha procedido a la desalinización de las aguas del mar para el consumo humano y animal, así como para poder lograr la nada fácil labor de hacer productivas las tierras desérticas que tiene, a través del riego por aspersión con agua desalinizada, realizando una enorme inversión millonaria, con la finalidad de lograr su soberanía en la producción de alimentos y forrajes, en México la mal llamada ”cuarta transformación”, a contrapelo de las necesidades reales, ha desperdiciado sus recursos en la construcción de obras sin propósito objetivamente útil, como son:
a) El Tren Maya, que solo originó la devastación de la selva con el consecuente daño ecológico, y que se ha constituido en una carga para el gasto público, sin generar beneficios a la sociedad.
b) La construcción de una refinería que no ha refinado un solo litro de crudo; y
c) La construcción de un aeropuerto “internacional” inoperante, que ya no es internacional y está convertido en un elefante blanco que nadie quiere usar.
En realidad, esas obras faraónicas solo fueron creadas para alimentar tanto el ego personal de un gobernante de triste memoria, así como como el voraz apetito corrupto y corruptor de quienes las hicieron y mandaron hacer, pues además de que eran innecesarias y no prioritarias, su costo se infló a varias veces de su valor real originalmente presupuestado.
En lugar de invertirse esos recursos –por ejemplo–, en la búsqueda de soluciones tecnológicas que terminen con la escasez de agua, esas obras solo se han constituido como un mal pretexto para alimentar la corrupción.
Y, sin embargo, paralelamente, se ha emprendido una irracional cruzada que incluye la aprobación de una ley de aguas nacionales, que finalmente desincentivará a los productores del campo a continuar en su labor productiva de alimentos.
Así son los estados comunistas y socialistas: su aspiración no es generar progreso ni producir más y mejor en beneficio de todos, sino empobrecer a todos, para que dependamos todos del gobierno y así controlar nuestra voluntad y poder mantenerse en el poder.
¡Así, es cuanto!



