Dr. Fernando A. Herrera M.- La “intempestiva gripe” que el pasado viernes alejó por primera vez a la presidenta de su tribuna matutina, es mucho más que una estrategia para pensar, ante la crisis propiciada por Rocha Moya y quien lo haya aconsejado, en cómo salir airosa del entuerto.
En la política de las élites del poder, el cuerpo no es ajeno a sus efectos: el rostro cansado, su figura debilitada, la fiebre súbita o fingida y el tono de su voz exhausto que la obligaron a ese “reposo”, son los síntomas físicos de un malestar profundo. En los pasillos de Palacio, el ambiente no es el que uno esperaría ver en el reflejo de un equipo que apenas se asienta, sino el de un cuartel de bomberos que intenta apagar fuegos que amenazan arrasar con todo, avivados por los vientos añejos que lo alimentan.
A la mandataria se le ve muy cansada, harta de salir cada mañana, con sus herramientas, que no son muchas, a apagar fuegos que no encendió, a defender reformas que trastocan los equilibrios del país y, encima, cargar con una herencia compleja, con la violencia por todos lados, aderezada con los enormes boquetes presupuestales que provocan las megaobras capricho que no funcionan y que consumen enormes subsidios para ocultar la triste realidad de que resultaron en un lastre económico insostenible.
Gobernar como vicaria consume el doble de energía que gobernar con luz propia. El libreto que le dejaron, en lugar de un plan de gobierno, pesa demasiado, y el cuerpo pasa factura. La pregunta que traen a flor de labio y que flota en el círculo rojo es cuánto tiempo más resistirá su salud física y mental, aunada a la disposición que tiene que mostrar a la espera de las señales que envía su tutela autoritaria.
En el pragmatismo político, las renuncias voluntarias no existen, pero los quiebres humanos y los pactos de cúpula, sí. Si la cuerda se revienta por lo más delgado —el hartazgo físico y mental—, la Constitución contempla la salida sin consecuencias. Incluso sin ruptura escandalosa; para eso inventaron la elástica figura de la “causa grave”, un trámite que el Congreso morenista aprobaría fast-track, argumentando razones personales graves, sin explicación, o acudiendo a la clásica de complicaciones médicas.
Pero en este juego de cartas, el rey es el calendario. La fecha crítica se ubica en el próximo 30 de septiembre. Antes de ese día, una salida de la presidencia es fantasía. Morena jamás se jugará esa carta con el poder. El artículo 84 constitucional es muy claro: un vacío absoluto antes de cumplir los dos primeros años obliga a convocar a elecciones federales extraordinarias. Un suicidio político que expondría a Morena y al país al pánico de los mercados, a una devaluación y, lo peor, a una derrota en las urnas.
El escenario solo sería propicio a partir del 1 de octubre, la frontera legal en la que el riesgo desaparece. Sí el desgaste físico y mental vence a la disciplina, la ilegal mayoría de Morena en el Congreso podría activar un acuerdo legislativo para nombrar a un presidente sustituto de total confianza.
Sin campaña, sin urnas y sin ciudadanos votando. La 4T dispondría de cuatro largos años para administrar su salida, inventar —como han demostrado saber hacerlo— una narrativa de unidad patriótica y reacomodar sus piezas rumbo al 2030. La presidenta Sheinbaum lo sabe, y quienes andan sembrando intriga entre las sombras, también.
La “gripe” del viernes fue un parpadeo, pero suficiente para darnos cuenta del enorme peso que carga sobre sus hombros nuestra mandataria, y que amenaza con dañar su salud en extremo. La especulación está en el ambiente y hay quienes aseguran que la cuenta regresiva tiene fecha.
Sinaloa perdió
La vida de los sinaloenses transcurre en medio de un peligro extremo por las innumerables batallas entre los dos grupos enfrentados tras el secuestro de “El Mayo”. Un conflicto que ha dejado una estela de muertes que ya enlutó a miles de familias.
Hace días creyeron que podría haber una esperanza tras el fracasado intento de Rubén Rocha Moya por regresar al gobierno, pero todo quedó en una ilusión efímera que se fue a la coladera cuando el Congreso nominó a una rochista como interina. Pasaron tres días de protestas y resignación; el palo estaba dado y pospusieron el optimismo para más adelante. Sin embargo, la última expectativa volvió a esfumarse cuando anunciaron a quien será la candidata en 2027: otra integrante del mismo equipo de Rocha Moya.
La guerra. El estado sobrevive inmerso en un sangriento enfrentamiento que ha cobrado miles de vidas y un alarmante número de personas desaparecidas. El impacto económico es catastrófico: la contracción del PIB estatal y la pérdida de miles de empleos demuestran que el miedo paralizó toda actividad productiva. Los números rojos evidencian que la estrategia de contención ha fracasado rotundamente en proteger la vida y el patrimonio de los sinaloenses.
Patrullaje inútil. La presencia de miles de efectivos del Ejército y la Guardia Nacional en las calles de Culiacán, Mazatlán y otros municipios, es apenas un despliegue cosmético. El reclamo ciudadano es generalizado: los convoyes recorren de ida y vuelta las avenidas y calles principales consumiendo combustible, mientras la delincuencia organizada sigue con el control de todo. Ellos imponen horarios, cobran cuotas y hasta instalan retenes en carreteras. De ellos dependen, por completo, las actividades comerciales.
El patrullaje preventivo es inútil cuando la estrategia se limita a disuadir con la sola presencia, sin una inteligencia que desarticule nada ni a nadie, dejando a las Fuerzas Armadas y a la Guardia Nacional en un vergonzoso rol de espectadores.
El ganón. La salida de Rubén Rocha Moya de la gubernatura, motivada por los señalamientos de la justicia estadounidense, no hizo mella en su grupo político. El nombramiento de Graciela Domínguez Nava como gobernadora interina y el destape de Imelda Castro hacia la candidatura para aspirar a sucederlo, representan la continuidad absoluta de Rocha y su equipo. Amplios sectores de la sociedad han criticado estos movimientos, los cuales son vistos como una auténtica burla.
El gobernador con licencia logra retirarse de los reflectores, pero mantiene el control de la estructura estatal a través de su grupo.
Con esta decisión de la máxima autoridad y de Morena, se garantiza la continuidad del pacto original con uno de los grupos en pugna. La sociedad de Sinaloa entiende perfectamente que el próximo gobierno operará bajo la misma lógica de subordinación que llevó al estado al colapso que hoy sufre.
El veredicto. La mesa estaba puesta y las cartas marcadas. Al final, en el tablero político de Sinaloa se entregó el estado completo y se terminó perdiendo la sota, el caballo y el rey. La cúpula del poder prefirió blindar a un grupo político antes que rescatar a los ciudadanos.
Mientras el control oficial se consolida y se asegura el relevo para los próximos años, en las calles se respira el desamparo de una población abandonada a su suerte. Sinaloa quedó atrapada entre el fuego cruzado de las balas y la fría indiferencia de un gobierno que eligió la continuidad de un pacto por encima de la paz social.
Dr. Fernando A Herrera. Periodista y politólogo, es Doctor en Administración por la UACH. Presidente del IEE Chihuahua (2006-2015); presidente de Instituciones Electorales de las entidades federativas en México (2014). Es autor de la trilogía “Secretos” filosofía para la vida cotidiana. Presidente y director general de chihuahuaexpres.com.mx
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