Dr. Fernando A. Herrera M.- En ocasiones una distinción se convierte en una maldición. Y todo indica que la ganadora del premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, se convertirá en damnificada de la operación de captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.
Los hechos y declaraciones del presidente Trump permiten afirmar que, en esta ocasión, la oportunidad de ser parte de la transición de gobierno en Venezuela, se esfuma para Machado y con ella para el presidente en el exilio, Edmundo González, que pasa a ser el otro daño colateral.
La señora Machado no tiene culpa, pero ese galardón de trascendencia mundial ha venido a convertirse en el peor obstáculo para que la operación quirúrgica, protagonizada por los Estados Unidos para capturar al presidente de Venezuela, le fuera propicio para acceder, con Mundo González, al poder ganado con votos el pasado 2024.
Estados Unidos, en voz de su presidente, afirma que a partir de ahora los Estados Unidos están a cargo de lo que viene para aquel país sudamericano; un país que, hay que decirlo, tiene las mayores reservas probadas de petróleo en el mundo, y que están registradas en número poco mayor a los 300 mil millones de barriles.
Y por causa del gobierno bolivariano y sus políticas públicas, esa enorme riqueza tiene a su compañía petrolera en situación de economía precaria y retraso tecnológico. Y, por otra parte, Estados Unidos reclama que una parte importante de ese petróleo pertenece a estadounidenses que fueron despojados ilegalmente de sus empresas cuando asumió el mando el desaparecido cuasi héroe venezolano, Hugo Chávez.
Volviendo al tema, Delcy Rodríguez, hermana de Jorge el negociador frente al equipo del presidente Trump, tomó posesión como presidente encargada de Venezuela.
Corina Machado nunca pensó que el bloqueo estadounidense en Venezuela, que la ayudó a salir del país para ir a recibir el premio, se volviera –luego de la operación– contrario a los intereses de la oposición política para optar por privilegiar los intereses económicos de los Estados Unidos.
Tal vez confiada en que su causa representaba la voz del pueblo venezolano, esperó que Mundo González fuera traído de España para asumir la presidencia que ganó en 2024, pero no, la decisión del presidente Trump se decantó por negociar con los bolivarianos y dejar que fluya la línea legal a través de la sucesora Delcy Rodríguez para acomodar sus objetivos económicos y políticos en Venezuela y toda la región.
Lo de Corina Machado, Mundo González y la oposición en Venezuela será, sí, pero más delante.
La repercusión en México
La entrega, o captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, haya sido por acuerdo con un bien ejecutado simulacro y muertos reales, o una operación quirúrgica extraordinaria para detenerlo y llevarlo a Estados Unidos. Cualquiera de las dos tendrá seguramente repercusiones para México. Que no les quede la más mínima duda.
De entrada, el mensaje de AMLO como expresidente, deja claro que su retiro es historia y que su participación política estará presente y abierta, como lo hizo saber, desde Palenque, al presentar recientemente su libro.
La presidente ha sido clara en su opinión apegada a la letra de nuestra Constitución y la Doctrina Estrada de 1930 que han distinguido a México.
Sin embargo, es innegable que habrá repercusiones fuertes en nuestro país. Primero, por el lado oficial, dada la relación con Venezuela por su nivel de ser gobiernos de izquierda.
Segundo, por la asociación que los recluidos en Estados Unidos, mexicanos preferentemente, que reconocieron ya su relación con el Cártel de los Soles y afirmaron ya que Nicolás Maduro es el jefe de esa organización.
El peso de las declaraciones de Ovidio Guzmán y/o del Mayo Zambada, que acusan al ahora extraído, ¡haiga sido como haiga sido!, es muy fuerte. Las autoridades de Estados Unidos buscarán saber los nombres de las personas mexicanas vinculadas a esta relación entre Los Soles con el Cártel de Sinaloa o del Cartel Jalisco Nueva Generación.
Esto llevará como consecuencia que Estados Unidos pedirá más extradiciones y, en su caso, aprehender a más personajes ligados al narco en México.
Volviendo a la voz de la presidente de México, sus afirmaciones se obligan al límite constitucional por la participación consentida o no del expresidente, porque se quiera o no, queda acotada.
Y si bien no se pronuncia al lado de lo dicho por AMLO, tampoco tomará distancia de su dicho. Las consecuencias se restringen entonces a que van a repetirse nombres, o tal vez haya hasta nuevos personajes como involucrados en esas actividades de narcotráfico.
Por el lado del gobierno, la repercusión tendrá que ver con el difícil equilibrio de la unidad en Morena, dado que siguen con dos derroteros para pedir la línea.
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