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El desastre de un sindicato vendido: las nueve heridas que desangran al IMSS

Dr. Fernando A. Herrera M.- El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) atraviesa una de las crisis internas más severas de su historia reciente. Las calles de Chihuahua, Ciudad Juárez y diversas regiones del país se han convertido en el escenario de un reclamo unánime que va más allá de una simple exigencia laboral. Lo que hoy atestiguamos es el estallido de una base trabajadora —médicos, enfermeras y administrativos— que se dice asfixiada por un sistema que los obliga a operar en la escasez más precaria de su historia, mientras las cúpulas sindicales y administrativas priorizan la agenda política sobre la salud.

Detrás de las pancartas y las marchas pacíficas, se esconde un pliego petitorio de ocho puntos críticos que retratan el abandono institucional, la corrupción estructural y la coacción hacia el personal de salud. No se trata de hechos aislados, sino de un engranaje sistémico que afecta directamente la calidad médica que reciben millones de derechohabientes.

Para entender la magnitud de esta fractura, es necesario diseccionar cada una de sus aristas: desde el histórico y oscuro negocio de la venta de plazas, pasando por la humillación de los acarreos obligados a mítines partidistas de Morena bajo amenaza de despido, hasta la dolorosa ausencia de material básico y el abandono de las instalaciones hospitalarias.

A esto se suman salarios atrasados, promesas de incrementos que resultaron en un fraude al salario neto, el despojo de un retiro justo mediante las Afores y, como candado de impunidad, la imposición de una “Ley Mordaza” diseñada para castigar la libre expresión y silenciar las denuncias del personal. La paciencia de la base trabajadora se ha agotado. A partir de hoy, desmenuzamos punto por punto las realidades de esta profunda crisis.

1.- La venta de plazas en el sindicato

El primer eslabón de la corrupción que asfixia al IMSS comienza antes de que el trabajador pise el hospital: la venta ilegal de plazas. Médicos, enfermeras y administrativos de la base denuncian que las bolsas de trabajo y los procesos de escalafón legítimos están secuestrados por las cúpulas del Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social (SNTSS).

Entrar al instituto o conseguir una base definitiva ya no depende del mérito, la antigüedad o la capacidad técnica, sino de la lealtad ciega a los líderes de las secciones o del pago de cuotas bajo el agua que ascienden a miles de pesos.

Esta red de nepotismo y mercantilismo no solo pisotea los derechos laborales de quienes llevan años cubriendo suplencias extenuantes, sino que introduce personal sin la debida preparación, deteriorando de origen el servicio clínico y fragmentando la confianza en la institución.

2: Los acarreos obligados

La dignidad laboral de los profesionales de la salud ha sido convertida en moneda de cambio electoral. Trabajadores del IMSS en Chihuahua, Juárez y demás regiones denuncian un esquema sistemático de acarreo obligado a eventos públicos y mítines políticos de Morena. El modus operandi es despiadado: a los empleados con contratos temporales o suplencias (los llamados «08») son condicionados a la renovación de sus contratos o su permanencia en la bolsa de trabajo a cambio de asistir a marchas partidistas.

Autobuses coordinados por el propio sindicato trasladan a personal que muchas veces desconoce los motivos del evento, pero que asiste bajo la abierta amenaza de perder su empleo o ser “congelados” en el escalafón.

El personal médico denuncia la humillación de ser utilizados como “músculo masivo” para simular un apoyo popular que, puertas adentro de las clínicas, se ha transformado en un profundo resentimiento.

3.- La ausencia de material médico

Atender la salud pública en México se ha convertido en un acto de heroísmo o de negligencia forzada. La ausencia total de material básico en las clínicas del IMSS ha alcanzado niveles delictivos. Médicos y enfermeras reportan que, en centros de alta demanda como el Hospital Morelos, carecen de insumos tan elementales como gasas, jeringas, suturas, resinas dentales y reactivos de laboratorio.

Trabajar bajo estas condiciones violenta las medidas mínimas de seguridad e higiene, tanto para el personal como para los derechohabientes. Los propios familiares de los pacientes se ven obligados a comprar desde analgésicos hasta parches y vendas en farmacias externas para que sus enfermos puedan ser intervenidos.

La base trabajadora rechaza seguir cargando con la culpa de un desabasto institucional que pone en riesgo vidas diariamente.

4.- Paredes que se caen, quirófanos que callan

Los hospitales del IMSS ya no son entornos seguros, sino monumentos al abandono de la infraestructura. En todo el estado de Chihuahua, las denuncias por techos con filtraciones severas, la falta crónica de agua caliente en áreas de hospitalización y sistemas de aire acondicionado colapsados son la constante.

Esta precariedad física paraliza servicios críticos: quirófanos enteros suspenden cirugías programadas debido a la falta de mantenimiento en los equipos de esterilización o ventilación, retrasando meses la atención de pacientes graves.

Mientras las fachadas institucionales presumen modernidad, la realidad intramuros revela clínicas saturadas, camillas improvisadas en los pasillos y baños inoperantes.

El abandono de las instalaciones es el reflejo físico de una administración federal que ha decidido recortar el gasto en mantenimiento hospitalario a costa de la dignidad de enfermos y trabajadores.

5.- Trabajar gratis por meses

Detrás de la vocación de servicio del personal del IMSS hay familias enteras sufriendo asfixia económica debido a los salarios atrasados. El personal de nuevo ingreso, suplentes y médicos residentes enfrentan retrasos burocráticos brutales que van desde dos meses hasta medio año para recibir su primer pago.

Trabajar sin cobrar se ha normalizado bajo la excusa de “trámites de validación central”, obligando al personal de salud a endeudarse para poder trasladarse a sus turnos de trabajo.

A esta retención de salarios se suma la opacidad en el pago de conceptos de riesgo, guardias nocturnas y jornadas acumuladas, las cuales suelen desaparecer en el laberinto administrativo del instituto. Exigir un sueldo devengado a tiempo no es un privilegio, es un derecho constitucional que el IMSS pisotea sistemáticamente.

6: El candado del silencio

El recurso más violento de las autoridades del IMSS para ocultar su colapso es la imposición de una “Ley Mordaza”. En las recientes asambleas y modificaciones estatutarias promovidas por la dirigencia del sindicato, se han endurecido las sanciones orientadas a castigar penal y laboralmente a cualquier trabajador que exponga las carencias del instituto en redes sociales o medios de comunicación.

Médicos y enfermeras denuncian que levantar la foto de un quirófano inundado, alertar sobre la falta de medicamentos o criticar la gestión interna es motivo inmediato de actas administrativas, suspensiones de derechos sindicales o rescisiones de contrato.

Marchar con el rostro cubierto o hablar bajo estricto anonimato se ha vuelto la única vía para denunciar, evidenciando un régimen autoritario que prefiere silenciar al mensajero antes que resolver la falta de insumos.

7.- El fraude del aumento salarial

La reciente firma del contrato colectivo entre el sindicato y la dirección del IMSS fue vendida como un logro histórico, pero la base trabajadora descubrió rápidamente el fraude del aumento salarial. El pacto, anunciado con bombo y platillo, fijó un incremento directo al sueldo base de apenas un 2.9%, una cifra que queda completamente pulverizada frente a la inflación y el costo de vida actual.

Lo más grave es la manipulación de los porcentajes globales: los manifestantes acusan que los supuestos beneficios adicionales e incrementos marginales son absorbidos inmediatamente por retenciones, impuestos y fondos habitacionales como el FOVISSSTE.

Al final, el dinero neto que llega a la quincena del trabajador es ridículo, lo que ha provocado una fractura total entre la base y unos líderes sindicales a los que acusan de firmar acuerdos de rodillas.

8.- El despojo del retiro y la trampa de las Afores

Otro golpe en esta cadena de agravios atenta contra el futuro de quienes han entregado su vida a la salud pública: el despojo de una jubilación digna. La base trabajadora del IMSS marcha para exigir el retorno al Régimen de Jubilaciones y Pensiones (RJP) solidario y rechazar el actual esquema ligado obligatoriamente a las Afores.

El personal de enfermería y medicina advierte que los modelos de cuentas individuales vigentes reducen drásticamente sus pensiones futuras, condenándolos a un retiro de subsistencia y pobreza tras décadas de jornadas de 24 horas y exposición a riesgos biológicos. La exigencia es clara: un sistema de retiro justo que reconozca el desgaste físico y mental del sector salud, cancelando las reformas estructurales que convirtieron la vejez de los trabajadores en un negocio financiero.

9.- El tabulador de los favoritos

El descontento en el IMSS no solo pasa por lo que no se paga, sino por cómo se reparte. Médicos y enfermeras de Chihuahua y Juárez denuncian una profunda inequidad en la asignación de bonos y compensaciones críticas.

Estímulos fundamentales como el bono de infectocontagiosidad, el riesgo médico y los incentivos de puntualidad y asistencia están siendo retenidos o condicionados a la base bajo criterios burocráticos y opacos.

La indignación crece al constatar que estos recursos sí fluyen con rapidez para el personal afín a las cúpulas del sindicato o mandos administrativos de confianza, quienes gozan de privilegios y compensaciones completas sin pisar las áreas críticas de los hospitales.

Esta política de premios y castigos económicos fractura la equidad laboral, castiga el bolsillo del trabajador operativo que arriesga su salud diariamente en el piso de urgencias y consolida un sistema de favoritismos intolerable.

10.- Falta que digamos algo sobre el acoso sexual, pero creo que ese es el tema que merece menos publicidad porque en los eventos se les dijo en su cara que han logrado cerrar la boca de las mujeres a base de amenazas de perder el sustento al quitarles su empleo o negarles la oportunidad de la plaza que han esperado por años.

Eso es Jorge Arturo Herrera en la sección octava del IMSS. Una mala persona que no debe seguir ahí.

Dr. Fernando A Herrera. Periodista y politólogo, es Doctor en Administración por la UACH. Presidente del IEE Chihuahua (2006-2015); presidente de Instituciones Electorales de las entidades federativas en México (2014). Es autor de la trilogía “Secretos” filosofía para la vida cotidiana. Presidente y director general de chihuahuaexpres.com.mx

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