Dr. Fernando A. Herrera M.- ¿Por qué, al concentrar el poder absoluto, un régimen necesita controlar las conciencias?
Tener la Presidencia, el Congreso, la Suprema Corte de Justicia, las instituciones del Estado y los organismos autónomos parecería el escenario idílico para cualquier grupo político. La historia y la realidad, sin embargo, demuestran lo contrario. Cuando el autoritarismo concentra el poder, pronto descubre que este nunca es suficiente si se permite la existencia del pensamiento crítico en los medios y el ejercicio del periodismo libre.
El asalto a la prensa es el intento por controlar las conciencias; es el único cabo suelto que sienten que los puede exhibir y desnudar ante los ojos de la sociedad.
¿A qué le teme un régimen que lo tiene todo? Por una parte, no les importa la oposición política porque lograron desarticularla; tampoco les preocupa la ley, porque la modifican a su antojo. Sin embargo, por increíble que parezca, temen perder el monopolio de la esperanza del pueblo y, más que nada, le temen al espejo de la realidad.
El populismo autocrático no se sostiene únicamente con la fuerza pública —la cual usarán cuando lo crean necesario—, sino que prefieren imponer una narrativa de redención social. Por eso les estorban quienes documentan sus falsas promesas o las pérdidas millonarias diarias de obras faraónicas como el Tren Maya, el AIFA y los trenes que descarrilan a la menor provocación.
Resulta intolerable para quien ejerce el poder que la prensa publique los números negros de la violencia, que opine sobre la economía estancada o que denuncie una corrupción que, lejos de erradicarse, es peor que nunca en la historia de nuestro país.
Un ciudadano que abre los ojos, es un voto perdido. Cuando miles o millones de personas empiezan a poner atención, a escuchar y a informarse, los medios independientes se convierten en el puente que nutre a la sociedad civil para arrebatar el poder en las urnas. Por ello, necesitan callar esas voces al precio que sea. Antes lo hacían con dinero; hoy pretenden hacerlo mediante el garrote de la ley y/o asfixia administrativa.
La estrategia oficial actual es sutil pero peligrosa. Bajo el argumento técnico de regular los “Derechos de las Audiencias”, el bloque oficialista y la Consejería Jurídica de la Presidencia aseguran que no hay censura, sino una simple exigencia de códigos de ética. Pero el verdadero peligro radica en la ambigüedad de sus normas: al imponer multas exorbitantes bajo criterios subjetivos de “veracidad”, la ley no necesita censurar directamente; induce a los medios a una peligrosa autocensura por mera supervivencia financiera.
A esto se suma el cinismo institucional. La propia presidenta afirmó el pasado miércoles 5 de agosto que el presupuesto para publicidad oficial se ejerce bajo su estricto arbitrio, sentenciando que quienes escriben en contra de su gobierno no merecen recibir recursos públicos porque “no quieren a su administración”.
Es la repetición exacta del viejo axioma de José López Portillo: “No pago para que me peguen”, tratando el dinero de los impuestos de los mexicanos como si fuera su patrimonio personal. Con esta lógica, se hostiga a medios libres como TV Azteca, Reforma o El Universal, mientras se premia y protege a los pasquines oficiales y a quienes se sientan cada mañana en el circo de la conferencia presidencial.
El control de las conciencias es el último paso del autoritarismo. Su objetivo final es regular lo que la gente puede ver, escuchar o debatir. Tutelar la ideología implica asumir que el ciudadano común carece de criterio para discernir y que necesita que el Estado y la presidenta lo guíen.
Por eso escuchamos a personas repetir resignadas: “Sí, es cierto que roban, igual o más que los anteriores, pero al menos estos reparten”. Entregar la conciencia a cambio de una dádiva es el triunfo de la autocracia; defender la libertad de expresión es, hoy más que nunca, el único camino para mantener los ojos abiertos.
Lo peor que nos pudiera pasar es lo que alguna vez dijo el ex dictador de Uganda, Idi Amin Dada: Aquí hay libertad de expresión, lo que no puedo asegurar es si habrá libertad después de la expresión.
Dr. Fernando A Herrera. Periodista y politólogo, es Doctor en Administración por la UACH. Presidente del IEE Chihuahua (2006-2015); presidente de Instituciones Electorales de las entidades federativas en México (2014). Es autor de la trilogía “Secretos” filosofía para la vida cotidiana. Presidente y director general de chihuahuaexpres.com.mx
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