Dr. Fernando A. Herrera M.- ¿Jugada Maestra o Carta Marcada? En el tablero político de Chihuahua, los cuatro años de Marco Bonilla al frente de la alcaldía nos dejan una mano de cartas compleja, donde ha habido movimientos que ilusionan y otros que nos hacen levantar la ceja.
Como en todo buen naipe, hay que ver las figuras, el centro y lo que se quedó en el mazo.
Los aciertos
Si hablamos de aciertos, el más importante de la administración Bonilla se viste de orden y continuidad. Se reconoce una gestión que consolida proyectos de infraestructura urbana, modernización de vialidades y mantenimiento de la ciudad, el pan de cada día para los ciudadanos.
La estabilidad financiera, bandera importante y punto a favor en tiempos de incertidumbre.
También su apuesta por los programas de desarrollo social y la inversión en seguridad pública, tema delicado, han sido otra constante.
Se percibe el esfuerzo por mantener la ciudad funcional y con visión de crecimiento planificado. El discurso es cálido y de cercanía con una gestión eficiente; algo que está en la percepción pública y que Marco ha logrado sembrar en sectores diversos.
Marco avanza, a veces no tan directo como él quisiera porque, aunque se cuida, hay flancos abiertos.
La administración de Bonilla ha enfrentado desafíos que no siempre ha logrado sortear con la habilidad y la agilidad esperada.
Un punto recurrente es la percepción ciudadana en temas de movilidad y transporte público, porque pese a los esfuerzos en infraestructura vial, el desahogo del tráfico en horas pico sigue siendo un dolor de cabeza, y la modernización del sistema de transporte, que se promete, no se siente en el día a día.
En cuanto a la participación ciudadana, si bien ha abierto canales, la sensación es que las decisiones se toman arriba, dejando un sabor agridulce en aquellos que buscan una injerencia ciudadana más activa en los asuntos de la comunidad.
El impulso a la cultura y el arte, aunque presentes, no alcanza la profundidad o la visibilidad que Chihuahua merece.
La crítica y los pendientes
Y luego, viene lo que se pudo hacer mejor, o aquello que simplemente no cuajó. Y aquí es donde la crítica asoma.
Un reproche frecuente es la falta de una visión más audaz o transformadora. A veces Bonilla es percibido al frente de una gestión de mantenimiento más que de innovación, lo que significa perder oportunidades de posicionar a Chihuahua en una liga superior.
La sensación de priorizar proyectos «visibles» sobre necesidades estructurales profundas es una crítica que resuena. O sea, obras de relumbrón más que funcionales o necesarias.
La comunicación de los logros y desafíos ha sido más institucional que empática, lo que puede generar distanciamiento con segmentos de la población que no se sienten representados o escuchados.
Y, por supuesto, como en toda administración, siempre habrá señalamientos sobre la eficacia del gasto público y la transparencia en contratos, aunque sean más murmullos de pasillo que acusaciones.
En resumen, Marco Bonilla como alcalde de Chihuahua muestra una gestión estable y con avances claros.
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