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Chihuahua 2027: ¿Paridad de género o bloqueo político?

Mario Álvarez Porras.- La discusión política en Chihuahua rumbo a 2027 está entrando en una zona compleja. Lo que comenzó como un debate sobre igualdad y representación podría terminar convertido en una controversia sobre competencia democrática.

La pregunta es sencilla, aunque la respuesta no lo sea: ¿la paridad de género busca ampliar las oportunidades de participación o puede, en determinadas circunstancias, limitar la posibilidad de que el electorado elija entre todas las opciones disponibles?

Durante décadas, las mujeres estuvieron subrepresentadas en la política mexicana. La paridad surgió como una respuesta necesaria a una exclusión histórica. Gracias a ella, México ha logrado avances que hace apenas una generación parecían impensables. Hoy las mujeres gobiernan estados, presiden congresos y ocupan espacios que antes les eran sistemáticamente negados.

Pero una política pública diseñada para corregir una desigualdad debe evaluarse constantemente para asegurar que siga cumpliendo su propósito original.

En Chihuahua, algunos actores políticos sostienen que la próxima elección para la gubernatura debería estar reservada a una mujer. Otros argumentan que la ley debe garantizar la participación equilibrada de ambos géneros sin cerrar anticipadamente la puerta a ningún perfil competitivo.

La diferencia entre ambas posiciones es profunda. La primera pone el énfasis en la representación. La segunda en la libertad de competencia.

Ninguna democracia madura debería sentirse cómoda con la exclusión automática de personas por razones de género. Tampoco debería ignorar las barreras que históricamente han enfrentado las mujeres para acceder al poder.

Por ello, el verdadero desafío consiste en encontrar un equilibrio. La paridad debe garantizar que las mujeres tengan acceso real a las candidaturas y a las decisiones públicas. Pero también debe evitar convertirse en un mecanismo que sustituya el debate sobre capacidades, proyectos y resultados.

Los ciudadanos no viven las consecuencias de una elección en función del género de quien gobierna. Las viven a través de la seguridad en sus calles, la calidad de los servicios públicos, el crecimiento económico y las oportunidades para sus familias.

En una época marcada por la polarización política, quizá valga la pena recordar una idea elemental: la democracia funciona mejor cuando amplía opciones, no cuando las reduce.

La discusión de 2027 no debería ser quién tiene derecho a competir por ser hombre o mujer. La discusión debería ser quién tiene la visión, la preparación y la capacidad para conducir a Chihuahua durante los próximos seis años.

Porque la igualdad se fortalece cuando abre puertas. Y la democracia se debilita cuando comienza a cerrarlas.