Dr. Fernando A. Herrera M.- Durante años, desde la mañanera se han empeñado en construir castillos en el aire. Nos hablan de transformaciones históricas, de un sistema de salud que superaría al de Dinamarca y de una estabilidad social que solo existe en el cáustico humor de la presidenta cada mañana, o en los sueños húmedos de algunos gobiernos estatales.
La terca realidad, esa que no pide permiso ni atiende caprichos ideológicos, tiene la costumbre de derrumbar cualquier propaganda con el peso de los hechos. Como bien le advirtió un viejo amigo al presidente brasileño Lula da Silva, en una frase demoledora: «Cambiamos de la puerta hacia adentro, pero nada de la puerta hacia afuera”. Esa es la gran lección que hoy azota no solo a Brasil, sino a buena parte de las sociedades occidentales, como lo demuestran las marchas y protestas en Francia, España y México.
Maquillar las cifras macroeconómicas, prometer subsidios y depositar apoyos directamente en el bolsillo de la gente es una mezcla que solo contiene un tercio de verdad: el dinero que llega a tu cuenta es ayuda de la puerta hacia adentro. Pero al salir a la calle, el ciudadano se topa con el miedo y la zozobra de que algo pueda pasarle; si está enfermo, sabe que el sistema de salud está desbordado y ahora, además, enfrenta la crisis de los recursos más elementales para la vida, como el agua en Guadalajara.
El caos en las calles de Francia por las pensiones y por las carencias en escuelas y universidades, con tensiones sociales e identitarias que el Estado francés no ha sabido resolver; una España convulsa por el acceso a la vivienda y por el regateo de Pedro Sánchez, que pretende sacar raja política de un asunto mal encaminado e injusto, cuando debería asumirlo como un problema estructural del gobierno y no como un pleito entre propietarios y arrendatarios: nada de esto son hechos aislados.
Son síntomas de un problema mayor, el de un mundo que oscila entre los extremos sin hallar su lugar. Lo peor es que las ideologías dejaron de ser útiles y los extremos siempre fueron, son y serán pésimos para la gente.
En México, la bomba de tiempo ya hace tictac en las salas de espera del IMSS, donde el desabasto y el abandono tuvieron que ser reconocidos, a regañadientes, por la propia presidenta.
El abandono de todo lo que necesitamos de la puerta hacia afuera hoy se reclama con tintes de verdadera tragedia, como ocurre en la Zona Metropolitana de Guadalajara, donde la gente abre la llave y sale agua turbia, como de cañería.
Lo que sucede en la capital de Jalisco es la viva estampa del “momento de la verdad”. Mientras el gobierno estatal de Pablo Lemus se concentra en el escaparate de celebraciones suntuosas, las tuberías de los tapatíos escupen agua contaminada con metales pesados y bacterias fecales. El SIAPA y el gobierno del estado insisten en que no pasa nada, en que no hay alerta sanitaria y pretenden tapar el sol con un dedo mientras la mitad de las familias en las zonas afectadas reportan dermatitis e infecciones gastrointestinales.
La respuesta oficial ante el justo reclamo social ha sido el garrote y los manguerazos. Qué ironía, y qué paradoja: dispersar a la gente con el agua limpia que exige.
Las movilizaciones ciudadanas frente a Casa Jalisco, al grito de “Más agua, menos Fan Fest”, terminaron en represión, lesionados y detenciones, al grado de provocar el extrañamiento de la propia Presidencia de la República. Y para colmo de males, frente al desastre de una red hidráulica obsoleta, la salida que asoma el gobierno local es el viejo y cómodo camino de buscar financiamiento privado para el Acueducto de Chapala, lo que aviva el fantasma de la privatización del agua.
La demagogia y las promesas no alcanzan para sanar lo devastado, como tampoco las costosísimas ocurrencias sin resultados y con una carga permanente de pérdidas. Cuando un gobierno fracasa en garantizar la seguridad en la calle, fracasa en ofrecer lo mínimo en salud porque abandonó los hospitales y fracasa en llevar agua limpia a los hogares, el pacto social se rompe.
Estamos ante un punto de quiebre y un dilema: o las instituciones sirven al ciudadano o se convierten en agencias de colocación y de negocios políticos.
Es la hora de la verdad y urge un golpe de timón, porque de discursos falsos y de ojos que no ven, la sociedad ya se cansó.
¿O seguiremos esperando el siguiente revés?
Abrazos urgentes.
Dr. Fernando A Herrera. Periodista y politólogo, es Doctor en Administración por la UACH. Presidente del IEE Chihuahua (2006-2015); presidente de Instituciones Electorales de las entidades federativas en México (2014). Es autor de la trilogía “Secretos” filosofía para la vida cotidiana. Presidente y director general de chihuahuaexpres.com.mx
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