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AMLO sí celebró el 27 de septiembre

Dr. Fernando Antonio Herrera Martínez.- Agustín Cosme Damián de Iturbide y Arámburu fue un militar y político mexicano criollo que llegó a ser emperador de México entre el 22 de mayo de 1822 y el 19 de marzo de 1823 bajo el título de Agustín I. (1783 – 1824).

La invasión de Napoleón a España propició que en la Nueva España en 1808 y 1809 iniciaran un movimiento golpista debido a que el Rey Carlos IV y el sucesor Felipe VII abdicaron a favor de Napoleón, quien puso a su hermano José a gobernar España. Agustín de Iturbide aparece en la escena militar Real por vez primera. Seis años tardaría España en deshacerse de Napoleón. 

Poco después de iniciado el movimiento independentista, con el grito en Dolores, en octubre de 1810, durante la toma de Valladolid, Miguel Hidalgo y Costilla habló con Iturbide y le ofreció el rango de Teniente General, pero no aceptó.

Iturbide fue testigo de que en la toma de Valladolid hubo violencia desbordada y saqueos a civiles criollos o españoles adinerados, por lo que decidió huir a la Ciudad de México, donde se incorporó al Ejército Realista

Fue asignado a las órdenes de Torcuato Trujillo. En las primeras tareas de combate su desempeño fue premiado por el virrey Francisco Xavier Venegas, quien lo nombró capitán de la compañía de Huichapan del batallón de Toluca. 

En su trayectoria se distinguió por ser gran estratega y por su eficacia al sofocar varias fuerzas insurrectas que luchaban por la independencia. Adquirió nombre y fama. Se decía que nunca perdía una batalla, pero las envidias se empeñaban en lastimar su reputación. 

Tiempo después fue nombrado comandante general de la provincia de Guanajuato. En una de sus más destacadas acciones militares, derrotó a José María Morelos, en 1815, pero luego sufrió la derrota en Cóporo por las fuerzas de Ignacio López Rayón. 

La riqueza de Iturbide, sus triunfos, el nombre que iba cobrando dentro de los realistas, lo llevaron a enfrentar una conspiración inventada por sus enemigos gratuitos; para lograrlo, utilizaron a un cura de Guanajuato, Antonio Labarrieta, quien lo acusó de monopolizar el comercio de la localidad, perjudicando a otros comerciantes, porque en abuso de su poder ordenaba detener los convoyes y acaparar la venta de lana, azúcar, aceite y cigarros, fingiendo que eran acciones del real servicio militar, hasta que hicieron mella en el virrey Félix María Calleja, quien ordenó destituirlo en 1816, para ser acusado de malversar fondos y de abuso de autoridad. 

Aunque fue absuelto, ya no regresó al mando de su ejército, sino que se retiró a sus propiedades en Michoacán. 

Al año siguiente, se estableció en la Ciudad de México, donde estuvo inactivo. El libro “Historia de México”, de Lucas Alamán, detalla que cuando Iturbide fue vencido en la batalla de Cóporo se quejó amargamente de la lucha entre independentistas y realistas, que era excesiva la derrama de sangre y la barbarie. Luego dijo: La Independencia se puede lograr con facilidad, basta convencerlos de que mediante un pacto entre insurgentes y tropas del rey podemos llegar a acuerdos para autogobernarnos. 

Pero luego añadió que después sería necesario limpiar el movimiento insurgente por el desorden que los distinguía, luego se diseñaría e implantaría un plan adecuado. Una mujer, famosa por su belleza, con influencias políticas, conocida como La Güera Rodríguez(*), lo llevó a participar en la Conspiración de la Profesa: se reu-nían en el Oratorio de San Felipe Neri y eran dirigidos por el canónigo Matías de Monteagudo. 

Deseaban proclamar la independencia de Nueva España para establecer una monarquía, la cual sería dirigida por un infante de España. Deseaban encontrar un jefe militar de prestigio en el ejército y que mereciese la confianza absoluta de los conservadores. La Güera Rodríguez intervino y convencieron al virrey Juan Ruiz de Apodaca para que designara a Agustín De Iturbide comandante General del Sur. 

El 13 de noviembre le fue otorgado el cargo. El día 15, un día antes de salir hacia el sur, solicitó el grado de brigadier y la asignación del antiguo regimiento de Celaya, lo cual le fue concedido. Su plan estaba en marcha. Al llegar al sur maniobró con su ejército para llevar a cabo algunas escaramuzas, pero su intención era contactar a Vicente Guerrero.

Así fue como le envió una carta un 10 de enero, en la cual le proponía una alianza. En el documento informó a Guerrero que los antiguos insurgentes José Sixto Verduzco, Nicolás Bravo e Ignacio López Rayón habían sido liberados de su prisión. 

Al mismo tiempo, lo amenazó diciéndole que tenía fuerzas militares suficientes para vencerlo. Guerrero, que había rechazado una oferta de indulto con anterioridad, tomó con cautela la propuesta de Iturbide y le respondió, en una carta fechada el 20 de enero, que había percibido ciertas ideas de liberalismo en los criollos y algunos españoles cuando Fernando VII estaba cautivo bajo el poder de Napoleón. 

Y que esas ideas de no continuar con el yugo peninsular, le eran hasta cierto punto afines. Guerrero reiteró que la divisa de su causa era independencia y libertad. Luego  puntualizó que no se amedrentaba ante sus fuerzas militares y que todo aquello que no concerniera con la independencia, sería disputado en el campo de batalla.

Luego de varios intercambios epistolares lograron tomar acuerdos sobre el denominado “Plan de Iguala”, por lo que en febrero de 1821 se unieron en un bando insurgente simbolizado con el Abrazo de Acatempan y proclamando el Plan en el que ambos bandos se unían para formar el Ejército Trigarante, del cual fue nombrado líder Agustín De Iturbide. 

Desde Puebla, Iturbide llegó la notificación del desembarco en San Juan de Ulúa de Juan de O’Donojú, recién nombrado capitán general y jefe político superior de Nueva España, había salido de Cádiz el 30 de mayo. El 3 de agosto, O’Donojú entró a la ciudad de Veracruz, donde tomó posesión de su cargo, le rindieron honores por parte del general García Dávila. 

O´Donojú giró instrucciones para detener las hostilidades. El día 5 de agosto, envió dos cartas a Iturbide, invitándolo a dialogar el día 11, Iturbide envió respuesta afirmativa a O’Donojú. El lugar del encuentro sería Córdoba, por lo que Iturbide se trasladó y llegó el 23 de agosto. Al día siguiente, 24 de agosto de 1821, se reunió con O’Donojú, y después de oír misa, firmaron los Tratados de Córdoba. En ellos acordaban:

Instalar una Junta Provisional que gobernara interinamente conforme a las leyes vigentes en todo lo que no se oponga al Plan de Iguala y que mientras tanto las Cortes den forma a la constitución del Estado.

El día 16 de septiembre en Tacubaya, O’Donojú anunció la terminación de la guerra. El camino estaba libre, así que se emitió un comunicado, en el que Iturbide anunció la entrada del Ejército Trigarante para el día 27. ¿Casualidad? El día 27 de septiembre de 1821 —fecha del cumpleaños de Iturbide— la división de Filisola salió desde Chapultepec para reunirse con el grueso de las tropas en Tacuba. 

A las diez de la mañana, el jefe máximo del Ejército Trigarante, montado en un caballo negro y seguido del Estado Mayor, avanzó por el Paseo Nuevo hasta llegar a la avenida de Corpus Christi, deteniéndose en la esquina del convento de San Francisco bajo un soberbio arco triunfal. Fue recibido por el alcalde más antiguo, José Ignacio Ormaechea, quien le entregó las llaves de la ciudad. El paso del contingente fue vitoreado con gritos de “¡Viva Iturbide!, ¡Viva el Ejército Trigarante!, ¡Viva el emperador Iturbide!” 

Entre los oficiales se encontraban Domingo Estanislao Luaces, Pedro Celestino Negrete, Epitacio Sánchez, José Morán, Vicente Guerrero, Nicolás Bravo, Anastasio Bustamante, José Joaquín Parrés, José Antonio Echávarri, José Joaquín de Herrera, Luis Quintanar, Miguel Barragán, Vicente Filisola, José Antonio Andrade, Felipe de la Garza, Manuel de Iruela, Antonio López de Santa Anna, Gaspar López, Mariano Laris y Juan José Zenón Fernández. Era su última fiesta.

Iturbide empezó a hacer menos a sus aliados del Plan de Iguala y para iniciar su propio plan escogió a los 38 integrantes de la Junta Provisional Gubernativa, casi todos notables por su posición social, por sus riquezas y títulos. Con la excepción del coronel Anastasio Bustamante, que se había unido al Trigarante seis meses antes.

Vicente Guerrero, Nicolás Bravo, Ignacio López Rayón, Guadalupe Victoria, José Sixto Verduzco y Andrés Quintana Roo fueron omitidos. El día siguiente, a las nueve de la mañana, la Junta Provisional gubernativa fue declarada formalmente instalada y Agustín de Iturbide fue elegido presidente de la Junta, luego se firmó el Acta de Independencia del Imperio Mexicano. 

Ya empoderado empezó a verse como el merecedor de todo, y de manera burda con ayuda de algunos soldados que salieron a las calles a contagiar a la gente logró que el 18 de mayo de 1822 fuera proclamado emperador a gritos y al día siguiente el Congreso, luego el 19 de mayo fue elegido formalmente para jurar su investidura solemne el 22 de mayo; sería coronado dos meses más tarde con el nombre de Agustín I. 

Ese mismo año, en diciembre, Antonio López de Santa Anna proclamó el Plan de Veracruz, convocando a los antiguos insurgentes de ideas republicanas e inconformes con el régimen imperial de Iturbide para iniciar el movimiento para derrocar a Iturbide.

En febrero de 1823 reunidos todos se firmó el Plan de Casa Mata, en el que borbonistas y republicanos unían sus fuerzas para apoyar el derrocamiento. El emperador no presentó problema y decidió abdicar en marzo de 1823 preparando todo para ir al exilio en Europa. 

Durante su ausencia, el Congreso Mexicano, previamente reinstalado por el mismo Agustín I, lo declaró “traidor y fuera de la ley en caso de que se presente en el territorio mexicano, declarándolo como enemigo público del Estado, y a todo aquel que le ayude a su regreso”.

Iturbide, sin conocer esta resolución, regresó a México en julio de 1824 para advertir al gobierno sobre una conspiración para reconquistar México. Al desembarcar en Tamaulipas fue arrestado y ejecutado por un pelotón de fusilamiento. En 1838, sus restos mortales fueron trasladados a la Ciudad de México e inhumados con honores en la Capilla de San Felipe de Jesús en la catedral Metropolitana, donde se exhiben en una urna de cristal. 

Su nombre en asociación con la bandera nacional, fue conservado durante mucho tiempo en una estrofa de la letra original del Himno Nacional de México, la cual fue suprimida en 1943. Paradójicamente, el sable que utilizó Iturbide durante el desfile de entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México, fue colocado en el Congreso junto a los nombres escritos en letras de oro de los insurgentes.

Terquedades

Un pueblo sin historia es un pueblo sin identidad. Los pueblos sin historia se caracterizan por ser estáticos. Arnold Toynbee, “Estudio de la Historia” (A Study of History) es una obra histórica y filosófica en la que se contienen las principales ideas del historiador en cuanto a la existencia y evolución de las civilizaciones humanas, mediante una metodología comparativa que establece su decurso histórico. 

(*) María Ignacia Rodríguez de Velasco de Osorio, conocida como la Güera Rodríguez, hija de Criollos que figuró en la sociedad colonial mexicana. Se arriesgó por brindar su apoyo a la independencia. Fue una mujer popular por su inteligencia, carácter fuerte, belleza y amoríos que se convirtió en una mujer notable en la aristocracia novohispana. Es una de las heroínas nacionales menos conocidas.