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¡Ahí la llevamos! Van 4

Dr. Fernando Antonio Herrera Martínez.- México y Perú sufrieron un sorpresivo vuelco luego de que la Cancillería peruana protestó el jueves 10 de febrero ante el embajador mexicano en Lima, Víctor Hugo Morales, por las declaraciones que el presidente Andrés Manuel López Obrador dio el martes anterior para cuestionar al conservadurismo en el país de Sudamérica.

El sorpresivo hecho diplomático fue revelado el sábado 12 por el congresista peruano Ernesto Bustamante, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso de la República del Perú y del opositor partido Fuerza Popular. No es posible que él (López Obrador) esté maltratando de esa manera la independencia política y democrática de Perú, advirtió el legislador.

César Landa, ministro de Relaciones Exteriores del Perú, planteó la mañana del jueves vía telefónica a nuestro embajador Víctor Hugo Morales Meléndez, quien se abstuvo de hacer comentarios con la prensa. Adujo: Que primero tendría que tener el visto bueno de la Dirección de Comunicación Social de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México.

Ese reclamo diplomático de Landa con Morales significaría un giro en el nexo entre ambos países, luego de que López Obrador comentó el 13 de diciembre de 2021 que, a solicitud política del presidente del Perú, Pedro Castillo, envió una comitiva gubernamental mexicana a Lima para ayudarle a su colega peruano a sofocar una campaña mediática y las amenazas legislativas de destitución.

Y es que el martes 15 nuestro gobernante mexicano dijo (segunda referencia), que es evidente que el conservadurismo en Perú está haciendo labor y que defenderá a Castillo. La Comisión de Relaciones Exteriores del Perú solicitó confrontar a López Obrador por sus declaraciones anti peruanas.

Las alarmas prendieron al día siguiente de que López Obrador anunció (fue la primera declaración) que una delegación mexicana viajó a Lima a ayudarle a Castillo. La comisión reviró cuando AMLO dijo que respondió a un pedido de Castillo porque sería una clara intromisión en los asuntos internos del Perú.

Él no critica a los regímenes de Cuba ni de Nicaragua, tampoco critica a Venezuela, sino que se abraza con el presidente de facto, Nicolás Maduro. Continuamente habla de que cree en la no intervención; sin embargo, con Perú hay una clara muestra de intervencionismo y continuamente emite juicios de valor que sí constituyen intervención en asuntos internos de otro país.

El presidente mexicano no tiene derecho a entrometerse en situaciones que son de política activa en el Perú. Una cosa es que él pueda disertar sobre lo que pasó en 1931 en Perú, porque eso es historia, pero no cuando estamos hablando de política viva, porque eso es interferir. Dicen las fuentes.

Terquedades

La controversia con Perú se suma a las que el gobierno de México abrió este año con Panamá con el ataque de López Obrador a la canciller panameña, Erika Mouynes, por el nombramiento de embajadores mexicanos en ese país.

López Obrador atizó el 9 de este mes otro conflicto con Madrid, al sugerir pausar las relaciones mexicanas con España porque ambas naciones deben darse un tempo para que el gobierno español no perciba a México como “tierra de conquista”, al plantear que “no queremos que nos roben” con la inversión empresarial privada española en su país.

Un choque también se prolongó en este 2022 con Austria por la reiterada negativa del gobierno austriaco de permitir que, ni siquiera prestado, el Penacho de Moctezuma, considerado como uno de los emblemas de la cultura indígena mexicana y que permanece en el Museo de Etnología de Viena, fuera enviado a México para una celebración que se preparaba.

Desde octubre de 2021 a la fecha, las visitas de altos funcionarios de México y Estados Unidos no han cesado. El 21 de enero de 2022, la secretaria de Energía estadounidense, Jennifer Granholm, expresó en un comunicado las preocupaciones de la administración Biden sobre el potencial impacto negativo de la reforma energética sobre las inversiones privadas de Estados Unidos en México, además de que podría impedir esfuerzos conjuntos sobre energías limpias y medio ambiente.

Incluso algunos, como el enviado especial del Clima para la Casa Blanca, John Kerry, han venido para discutir uno de los principales temas: la transición energética, mientras el Gobierno mexicano intenta reformar su valioso mercado eléctrico de US$315,000 millones.

Pero el 9 febrero, Kerry dijo que Estados Unidos “respeta completamente la soberanía de México”, comprende las reformas que persigue López Obrador y solo busca un mercado energético abierto y competitivo.

Las decisiones que México tome en el presente afectarán el futuro sobre los nuevos términos que debemos tener o cancelar el acuerdo, al no estar alineado a la política de transición energética que tiene EU hacia el resto del mundo.