Dr. Fernando A. Herrera M.- ¿Quién pudo influir para que la presidente Claudia Sheinbaum decidiera declarar una especie de guerra contra Estados Unidos? Estoy cierto de que nadie pudo obligarla, pero también creo que alguien pudo influir.
El domingo, en el Monumento a la Revolución, ante 130 mil personas, la presidente convocó a celebrar los dos años de su triunfo electoral. Lejos de hacer una fiesta, usó el evento para acusar de “injerencia” a los vecinos del norte por la petición urgente de detención preventiva con fines de extradición contra Rubén Rocha y otros nueve funcionarios. Dos ya se entregaron.
Ante la multitud dijo con voz fuerte: “Cuando desde el exterior se dicta quién es culpable y quién no, ya no estamos hablando de cooperación, estamos ante una injerencia que pretende usar a México para influir en su elección de noviembre o, acaso, para influir en la elección de los mexicanos en 2027”.
El destinatario es obvio, aunque al día siguiente, en la mañanera, intentó bajarle dos rayitas a sus dichos: “les confieso que no creo que sea Trump quien encabeza la ofensiva contra México, sino algunos sectores de la ultraderecha de Estados Unidos”.
De nada sirvió el matiz. La ultraderecha de Estados Unidos tiene nombre, se hace llamar MAGA y tiene un solo jefe que, nos guste o no, es Trump.
Y aunque la presidenta presume que con Trump “siempre ha llegado a acuerdos”, el mensaje fue recibido. De entrada, el embajador de Estados Unidos en México contestó señalando que la gente de ambos lados de la frontera tiene derecho a la seguridad y a la paz. Ella le replicó pidiéndole que se concrete a lo bilateral y que cada quien haga lo que tenga que hacer en su territorio.
Esta conducta es ajena a la que le habíamos visto desde que asumió la presidencia. Ella decía mantener la cabeza fría ante los embates de Trump, pero ahora parece un volcán en erupción. Lo que dijo no admite interpretaciones: los asuntos de México se resuelven en México y por los mexicanos.
¿Dónde está la presidenta que envió a casi cien presos sin juicio, sin respeto a sus derechos? ¿Dónde quedó la presidenta que expulsó del país a delincuentes con proceso en curso o ya condenados?
La petición de detención preventiva con fines de extradición de uno de los suyos ya no fue de su agrado. Incluso, dijo en el mismo evento: “vienen por unos, luego vendrán por otros”.
Las afirmaciones no tienen sesgo: México no va a entregar a los suyos, aunque debió decir: Morena no entregará a los suyos.
La cooperación terminó cuando le pidieron a un militante de su movimiento. Su decisión de expulsar delincuentes sin juicio y solo por razones de seguridad nacional se diluyó cuando el pedido incluyó a uno de los suyos.
¿Qué sigue? No lo sabemos. Solo podríamos especular. Mejor esperemos.
Dr. Fernando A Herrera. Periodista y politólogo, es Doctor en Administración por la UACH. Presidente del IEE Chihuahua (2006-2015); presidente de Instituciones Electorales de las entidades federativas en México (2014). Es autor de la trilogía “Secretos” filosofía para la vida cotidiana. Presidente y director general de chihuahuaexpres.com.mx
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