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De qué lado está la insensatez

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Daniel Valles.- Defender lo indefendible es una muestra de insensatez. No toda la gente trata de hacer eso mismo: Defender lo indefendible. Lo vemos muy frecuentemente entre la casta política. Sean hombres o mujeres, no hay diferencia. Tampoco se trata de cuestiones de género, sino que es frecuente entre la casta política que se excede en su demagogia. Esto no solo sucede en México.

La persona insensata es una persona necia. De hecho, las palabras son sinónimas. ¿Por qué lo hacen? Porque en su necedad, por su insensatez, por su estolidez, creen que tienen la habilidad de salir del problema en que se metieron. Frecuentemente por algún acto de corrupción.  

De esta forma tenemos que las personas necias creen que su propio camino es el correcto. No sucede así con las personas sabias que prestan atención a otras personas y no pretenden defender lo indefendible.

La observación que hago es motivada por un hecho que ha sido destacado en las redes sociales, a tal grado que hubo un momento el día miércoles 14 de octubre que se volvió viral, como el Coronavirus.

Me refiero al hecho insólito de la confesión de corrupción de la diputada de izquierda por el estado de Guerrero, la morenista, Abelina López, una abogada acostumbrada a usar el sistema corrupto en el que vivimos en México, pero en el que se embarra solo la persona que así lo desea.

Finalmente, la corrupción es producto de la decisión personal de la persona que se mezcla en ella. Que lo hace con sus iguales. Gente corrupta que pulula por las instituciones diversas de la sociedad. “Se requiere mínimo de dos para el tango”.

Nadie comete un acto corrupto para probar que la corrupción existe sin que alguien más lo sepa. Es decir, sin que actúen encubiertos bajo conocimiento de la autoridad.

Es una estolidez el querer justificar la corrupción propia al ser sorprendido o descubierto en el acto cometido, pero eso hizo la diputada Abelina López.

Cuando se da cuenta lo que dijo, los nervios le traicionan, pues habló de lo que existe en su interior, en su corazón. De eso habló su boca en la tribuna y ya era tarde. Ya se obvió.

Ahora trata de defender lo indefendible y en el pecado lleva la penitencia. Trata de culpar a la audiencia de su estolidez, de su necedad para tratar de salir bien librada.

Este martes13 pasado, fue de mala suerte para la diputada ya que, desde la máxima tribuna del país, ahí en la Cámara de Diputados en el Palacio de San Lázaro, confesó que ella es corrupta. Se autoevidenció en un acto de negligencia e insensatez legislativa y personal, respectivamente.

Comentó que en cierta ocasión tuvo que dar “la módica cantidad de 20 mil pesos para que la corrupción del sistema permitiera solicitar al juez, el juicio abreviado”.

No puedo saber en qué momento la diputada se dio cuenta del tamaño de estolidez que había cometido. Y de manera desesperada trató de enmendarla y fue cuando trató inútilmente de defender lo indefendible, pero ya era tarde. ¡Muy tarde!

Al debatir la minuta correspondiente de la ley secundaria para ampliar el catálogo de delitos que se castigan con prisión preventiva y en los que la ley castigará la corrupción sin derecho a fianza, López dijo que fue ignorante porque “no saben del procedimiento”. Mientras estaba en el pleno, legisladores de oposición le gritaron “corrupta”. Había perdido el control. Pobre mujer.

No es el único caso que podría comentarle. Por desgracia abundan. Y son cometidos por estólidas personas de toda la amplia banda o espectro político. Es decir, tanto de la derecha como de centro o de izquierda.

Pero por alguna razón ignorada por quien escribe se dan más frecuentemente entre la gente de la izquierda. Pobres personas, se enredan constantemente en sus peroratas. Como la diputada López.

Y no obstante lo evidente de su dislate, para evadirse culpó a todas las demás personas del país de “malentenderla” en su declaración.

Culpó a todos nosotros. Dijo la diputada que usted y yo somos corruptos por malentender a la honorable y arrojada diputada que tuvo que actuar de manera corrupta, porque el sistema es corrupto por la culpa de alguien más. Pero no de ella.

Lo que hace patente que el rechazo de la izquierda por una sociedad con base en valores y nos obliga a evitar tratar con los problemas que la sociedad tiene por sus excesos dentro del contexto de la responsabilidad personal.

En vez de hablar de la responsabilidad individual al participar en actos de corrupción, la izquierda habla de “enfermedades o síndromes”, incapacidades, y por supuesto, de “estilos de vida”.

Pero su mejor arma, su mejor respuesta es siempre alegar que se les malinterpretó, lo que es una soberana estolidez por parte de quienes dan esa respuesta y para quienes intentan defender lo indefendible, sin importar sus filias. Como la diputada de izquierda por el estado de Guerrero, la morenista Abelina López.

Entonces, ¿de qué lado está la insensatez?