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Cambios en la Familia

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Daniel Valles.- La corrupción inicia a la primera acción de injusticia que se comete. La justicia y el derecho son inseparables. Se debe castigar la injusticia y la violación del derecho, si se ha de combatir la corrupción de manera efectiva.

Si usted es una persona con más de 40 años de edad, creció en un mundo, en un país y en una familia compuesta por papá hombre, mamá mujer e hijos. Ese fue el modelo hegemónico de Familia. Eso no lo es más.

Pensar de acuerdo a ese marco de referencia es pensar en el pasado cercano. Es carecer de información o de entendimiento de cómo se ha conformado la sociedad.

Nuestros nietos crecerán en un mundo y en una sociedad muy diferente a la que nosotros crecimos. Seguro que nuestros abuelos vieron esto mismo en relación al mundo en el que ellos vivieron cuando se da el efecto de la Revolución Industrial. Claro.

Pero una cosa es pasar de los carruajes tirados por caballos y mulas, a los automóviles, tractores e implementos eléctricos productos de un cambio industrial y otra el pasar de un modelo de familia a otro, producto de una revolución ideológica social.

Un cambio trascendental y definitivo se ha registrado ya en el mundo occidental en el que México está inmerso. Un cambio en los marcos de referencia, cambios que tienen consecuencias negativas en caso de no reconocerlos al no actuar en consecuencia. Sobre todo cuando se trastocan el derecho y la justicia.

Los efectos se dejan sentir diariamente y los vemos, los escuchamos, nos los reportan, hablamos de ellos, pero no los tratamos de la manera adecuada. Es decir, con base en los cambios que se han manifestado.

Existe en las grandes sociedades una dinámica grande por el cambio dirigido por el desarrollo económico y tecnológico que impactan las estructuras, políticas, y posiciones personales, así como gobiernos y sociales.

Estos son de fácil comprensión por su detección obvia. El cambio en este sentido se ve y se nota. En los ideológicos que afectan a las sociedades no es tan sencillo.

El cambio que se genera en el tejido social, al que las autoridades se refieren constantemente, se ha dañado producto de la violación constante a los derechos. NO solo humanos, sino de manera legal. A las leyes.

Es por ello que vivimos las situaciones familiares y sociales que tenemos. Y todos son adversos.

¿Cómo se daña? ¿Quién o quiénes dañan el tejido social? ¿Cómo se repara? ¿Se repara? ¿Con qué se daña? ¿Cómo es que una sociedad se echa a perder?

Trataré de explicarlo. Tiene que ver con la transformación de la estructura familiar. Con la violación de sus derechos inalienables y la injusticia a la que la someten las legislaturas de los estados o de los países.

Según un análisis de ONU Mujeres y El Colegio de México, con base en los censos de población de 1990 a 2010, el modelo de familia tradicional conformada por mamá, papá e hijos, si bien continúa siendo el más común, ya no es el mayoritario. “Cayó 12.3 puntos porcentuales, al pasar de 57.7 a 45.4 por ciento en los hogares mexicanos”. (El censo 2020 se acaba de levantar).

¿Qué tiene que ver esto? Mucho. Quién siga pensando en el modelo de familia descrito arriba está por supuesto fuera de toda realidad. Al hablar de la familia como la base de la sociedad, dice bien, pero el modelo cambió.

Y si en el discurso político, social o económico, en la resolución que se tome se está considerando el modelo hegemónico anterior, pues ya no lo es tanto y está dejando fuera a otros modelos que son una realidad.

Modelos que no se pueden ignorar, familias que son reales, que cuentan, que tienen necesidades y problemas que se han de resolver si queremos ser justos. Y la primera regla para resolver algo es reconocer que se tiene ese algo.

Las ideologías nos juegan trucos mentales de los que no nos damos cuenta debido a que tenemos muy definido el marco de pensamiento dentro del cual nos movemos. Está bien. Pero es una realidad que la sociedad cambió.

En el informe El Progreso de las mujeres en el mundo 2019-2020: Familias en un mundo cambiante, se señalan que: “en este tiempo ha aumentado el tipo de familia extensa; es decir, se incluyen otros parientes como los abuelos.

Uno de cada 10 se compone de una mujer u hombre con hijos sin pareja conyugal. Este modelo también se denomina nuclear monoparental y ha ganado solo un punto porcentual entre 1990 y 2010, al pasar de 9.1 a 10.1 por ciento.

Según el análisis, alrededor de 85 de cada 100 de estas familias están encabezadas por madres y solo 15 por ciento por padres. Los que no cuentan o aparecen. Lo que es injusto.

Los investigadores resaltan que hay dos tipos de hogares que se han vuelto más comunes: las parejas sin hijos y los unipersonales, cada uno de ellos representaba alrededor de 10 por ciento en 2010.

La edad media a la primera unión se había situado alrededor de los 21 años por más de 50 años, pero ha bajado a partir de 2010. Una de cada cinco mujeres entra en unión conyugal antes de cumplir la mayoría de edad.

Estos enlaces tempranos ahora coexisten con aquellos que se efectúan en la tercera década de la vida de otras mujeres, reflejando desigualdades profundas y persistentes entre distintos grupos sociales.

Respecto al matrimonio infantil, advierten en el estudio que la tasa se ubica por encima de 20 por ciento y es una de las más altas de Latinoamérica y la mayor de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE)”.

Señala que el aumento de la unión libre es uno de los cambios más significativos en la formación conyugal: hoy en día una de cada tres mujeres jóvenes vive así.

Estos son números que el reporte señala que le dan sentido a la problemática que vivimos a diario en el país y tienen que ver con:

Violencia intrafamiliar, consumo de drogas, asesinatos, crimen organizado, embarazo de adolescentes, aborto, divorcios. Donde uno de cada tres parejas se disuelve antes de llegar al décimo aniversario.

Además: Jefatura femenina, pobreza, mala educación. Malos servicios de salud. Malos sueldos, pocos empleos. Empleo informal, baja cultura, diversidad de todo tipo, etc, etc.

Como leen, los problemas y las situaciones que hemos generado en dos décadas son muchos y variados, todos producto directo o indirecto de la violación del derecho o de alguna injusticia. Es decir, de una forma de corrupción.

No se pueden resolver sin tomar en cuenta que estos aspectos son vivenciales y obedecen a modificaciones en la estructura que no supimos valorar y cuidar. La Familia. La célula principal de la sociedad.

Célula que se cansa, se deteriora, se enferma de un tipo de cáncer cuyo tejido social se desgarra como las células de cualquier cuerpo.

Para atenderla y repararla no se requieren de partidos políticos con marcos de pensamiento caducos. No se necesitan de las mismas y antiguas políticas públicas con perspectivas heterogéneas. Se requiere de justicia y de respeto a los derechos.

Que, en nombre de una referida igualdad para la diversidad no se provoque más desigualdad que la que ya tenemos, consecuencia de tanta aberración y sin sentidos perniciosos, injustos, violatorios.

Necesitamos una nueva sociedad en la que ya no haya más diferencia entre empleado y patrón, hombre y mujer, político y pueblo, ricos y pobres, esclavos y libres, negros y blancos. No que no existan, sino que no haya diferencia.

Para reparar el tejido social necesitamos una nueva creación, de la cual el universo espera con ansia su manifestación.