Dr. Fernando A. Herrera M.- “No te vayas a enfermar, porque no tenemos material”. La consigna resonó este martes con una fuerza inusitada en el asfalto de la Ciudad de México y en decenas de plazas públicas de todo el país.
No la gritaban opositores políticos ni activistas profesionales; salía de las gargantas de médicos, enfermeras y personal administrativo del IMSS, acompañados por trabajadores del ISSSTE y de otros sectores. Hombres y mujeres que, cansados de ser el escudo humano de un sistema colapsado, decidieron colgar las batas por unas horas y tomar las calles.
La Megamarcha Nacional desnudó una crisis que ya no se puede tapar con discursos oficiales ni con promesas de infraestructura de primer mundo. Lo que se escuchó en las calles fue el rugido de la frustración acumulada de quienes sostienen la salud pública de este país con las uñas.
La queja más dolorosa, por cotidiana, es el desabasto crónico. Escuchar a enfermeros confesar que terminan comprando de su propio bolsillo jeringas, agujas y catéteres para no dejar morir a un paciente es el reflejo de un sistema desahuciado. La escasez llegó al absurdo burocrático: asistentes médicas denunciaron que tienen que cooperar para comprar hojas de papel bond, porque la institución ya no les provee ni el material básico para imprimir recetas o vigencias. ¿Cómo se opera un hospital que no tiene papelería?
Pero hay un desgaste peor que el material, y es el emocional. “Estamos cansadas de mentirle al paciente”, me decía una asistente médica con casi veinte años de servicio.
El personal de ventanilla y de primer contacto se ha convertido en el pararrayos de un desastre institucional. Son ellos quienes dan la cara ante el padre desesperado, ante la hija que busca insulina para su madre o ante el paciente que lleva tres meses esperando un fármaco de control diario. Son ellos quienes ponen el pecho ante la furia legítima de una ciudadanía que madruga a las cuatro de la mañana para recibir una ficha, solo para que le programen una cirugía en ocho meses… si es que el quirófano no se inunda antes.
A la par del desabasto corre la sobreexplotación. Mientras el padrón de derechohabientes crece sin freno, las plazas médicas parecen congeladas. El personal activo acusa una carga de trabajo inhumana y turnos triples que ponen en riesgo tanto su salud mental como la seguridad de los pacientes.
El detonante final de esta movilización fue una propuesta de incremento de apenas 2.9 por ciento al salario tabular, maquillada con otro 3.9 en prestaciones para presumir un 6.8 total. Una cifra que no hace justicia al costo de la vida ni al sacrificio de la primera línea. El gremio exige un 10 por ciento directo al tabulador, la contratación de más personal y la salida de su dirigente sindical, Rafael Olivos, a quien acusa de entreguismo.
La jornada dejó una postal incómoda para las autoridades federales. Mientras los escritorios oficiales insisten en que las farmacias están llenas y que la transformación de la salud avanza con paso firme, el grito unánime en las avenidas demostró que el diagnóstico de la calle es muy distinto. Mañana, los trabajadores votarán la propuesta salarial en consulta sindical; el resultado dirá si la cúpula todavía representa a sus bases.
El sistema de salud mexicano está en terapia intensiva y sus propios trabajadores acaban de emitir la receta de emergencia: o se inyectan recursos reales y transparencia de inmediato, o el colapso será total. Al tiempo.
Dr. Fernando A Herrera. Periodista y politólogo, es Doctor en Administración por la UACH. Presidente del IEE Chihuahua (2006-2015); presidente de Instituciones Electorales de las entidades federativas en México (2014). Es autor de la trilogía “Secretos” filosofía para la vida cotidiana. Presidente y director general de chihuahuaexpres.com.mx
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