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La sombra del pasado y tres papalotes

Dr. Alfredo Morales González.- A veces pasamos gran parte de nuestra vida viendo por el espejo retrovisor y nos acostumbramos a ir avanzando de esa manera. Lo que pudo ser y no fue, el negocio que nos fue heredado y por muchas razones no se supo administrar, lo que pude haber aprendido y nunca lo estudié, hasta si me hubiera casado con tal persona cómo estaría mi vida en estos momentos, etc. Pero no podemos cambiar el pasado y no tenemos ninguna garantía sobre el futuro; solo tenemos un día a la vez, el cual no debe ser desperdiciado.

La sombra del pasado acecha a los partidos políticos sobre todo a los que por años gobernaron y marcaron el rumbo de todo un país. Es difícil rescatar las cosas buenas, buenas decisiones y gente profesional que aportó su experiencia y amplia participación para que las cosas fueran un poco mejor. 

Por supuesto, todo esto queda empañado y olvidado en el pasado, y más aún ahora que nos hemos acostumbrado a convivir en la inmediatez y resaltando los errores cometidos en el pasado, como si eso nos purificara el alma a los que estamos en la lucha constante primero de un mejor presente y posteriormente un mejor mundo.

Debemos entender que no todo es economía en estos momentos y un gran ejemplo de esto es China con su soft power en su política internacional, a diferencia de Estados Unidos, que una vez más ha demostrado que el hecho de ganar una guerra no necesariamente da el control civilizatorio.

Recordemos que Roma conquistó a Grecia militarmente, pero culturalmente Grecia acabó dominando a Roma. Sin duda, la visión de la civilización milenaria cuenta mucho; en México tenemos dos mil años mínimo, Egipto y China cinco mil años, aproximadamente. Mientras Estados Unidos tiene 250 años de civilización y un acervo cultural de una mezcla diversa de influencias indígenas, afroamericanas, asiáticas, latinoamericanas y europeas que se han unido a lo largo de su historia.  La parte civilizatoria y cultural de México es muy plural y rica con toda su herencia. Hago mención del famoso dicho francés: “La cultura es lo que queda después de haberlo olvidado todo”.

Recordemos que la educación es la piedra angular y el motor más potente para impulsar el crecimiento económico, reducir la pobreza y fomentar sociedades más justas e inclusivas. Según datos de la UNESCO, cada dólar invertido en educación en países en desarrollo genera entre 10 y 15 dólares en crecimiento económico. Su impacto en el proceso de transformación social y humano es muy evidente, ya que cada ayuda al acceso del aprendizaje da una respuesta en la disminución de la pobreza extrema, desigualdad, promueve la equidad de género y la salud integral.

Sin embargo, cuatro de cada 10 estudiantes mexicanos de 15 años se encuentran por debajo del nivel básico en ciencias, lectura y matemáticas en la prueba global PISA 2025, un rezago que deja entrever una crisis de aprendizaje en México, según el informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Por esta razón, la Unión Nacional de Padres de Familia alertó que de acuerdo con la Prueba PISA., 41.8% de los estudiantes mexicanos de 15 años tienen bajo desempeño y pide revisar a fondo el modelo educativo. Recordemos que dicha organización había estado señalando todos estos cambios realizados en el modelo educativo desde 2023 sobre sus deficiencias, como la falta de estructura y profundidad en contenidos esenciales, debilidades en la formación docente, problemas en los libros de texto y una débil articulación entre currículo, enseñanza y evaluación. Y actualmente la restricción de celulares en las aulas de clase, entre otras medidas.

Es por eso que a la brevedad posible debemos salir de la sombra del pasado, aceptar lo ocurrido y enfocarnos en las acciones del presente. No podemos sentir indiferencia como si nos importara tres papalotes lo que sucede en nuestro país y con nuestros jóvenes. Lo último que podemos permitirnos como sociedad es la apatía, sentir desapego y actuar con frialdad. Esa indiferencia social y en el caso de la apatía cívica, son los últimos escaños que nos quedan en la pirámide de valores con los fundamentos de supervivencia moral que nos diferencia entre otros pueblos o naciones.

“La educación debe cultivar no solo la mente, sino también el carácter y la moral de los individuos”. (Santo Tomás de Aquino).