Jordi Oriola Folch.- La Real Federación Española de Fútbol (RFEF) llevó a cabo unas ceremonias de homenaje a los jugadores de la selección española que han ganado el Mundial de fútbol y lo hizo aprovechando los partidos de la Liga española que se jugaban en los estadios de los equipos de dichos jugadores.
Se celebraron ceremonias en los estadios del Real Madrid (1 jugador del equipo de la selección española), en el del Atlético de Madrid (4 jugadores), en el del Atlético de Bilbao (3 jugadores), en el de la Real Sociedad (1 jugador) y en el Celta de Vigo (1 jugador). Pero el acto previsto para el 27 de agosto en el estadio del F.C. Barcelona (8 jugadores) se suspendió porque el club se opuso debido a unos hechos de finales de agosto.
Para empezar, seguramente no había mucho entusiasmo por parte del F.C. Barcelona, el Barça, de celebrar ese homenaje. Una cosa es que se cedan algunos jugadores a la selección española (que no pueden renunciar a jugar si no quieren recibir sanciones muy severas) y la otra es que en Barcelona se sientan las victorias de la selección española como propias…
En Catalunya se dice la frase: “El Barça es más que un club”. Hace referencia a que, históricamente, el Barça siempre ha servido para vehicular la catalanidad e, incluso, el anhelo por un estado soberano independiente, y así se ha podido “camuflar” ese sentimiento político como forma para evitar la represión española, sobre todo en la dictadura de Franco, pero en general en toda la historia del club.
Por eso se dice que el apoyo al Barça expresa el apoyo a Catalunya. Todo lo que tiene que ver con el Barça tiene también connotaciones políticas. Por eso, muchos aficionados del Barça no sienten la selección española como la de su nación, sino todo lo contrario, la del estado que oprime a los catalanes y que, además, no deja que la selección catalana pueda competir a nivel internacional como lo hacen Inglaterra, Escocia, Gales o Irlanda del Norte, por poner un ejemplo.
Por tanto, semanas antes de la ceremonia, varios colectivos de seguidores del club ya empezaron a expresar que ellos, como catalanes, no tenían nada que celebrar respecto a los triunfos de la selección española y proponían silbar durante los minutos que durara la ofrenda previa al partido.
Pero la situación todavía se tensó cuando, antes del partido liguero en Elx del 23 de agosto, la Policía Nacional requisó ilegalmente una bandera independentista de un aficionado del Barça (no es delito llevar una bandera independentista) y, aprovechando su protesta verbal por el requisamiento, le empujaron y lo empezaron a apalear y, hasta cuando ya estaba en el suelo inmovilizado le propinan un golpe de codo en el ojo y, cuando se lo llevaban esposado, todavía le dieron más puñetazos injustificados. Pero todo esto se grabó profusamente con diferentes cámaras de móvil, por lo que se ha podido desmentir la versión policial que decía que el menor de edad había atacado a los policías.
En los vídeos se observa claramente que le quitan una bandera a él y a su amigo, los empujan y cuando él protesta verbalmente, le empiezan a pegar, él retrocede, pero le siguen pegando, él hace el intento de volverse y entonces los policías le derriban y le saltan encima y le propician golpes innecesarios al tenerlo ya dominado.
El F.C. Barcelona protestó contra la actuación policial, canceló la ceremonia de homenaje a los jugadores del Mundial, defendió públicamente que la bandera independentista no era ilegal y que los aficionados del Barça no deberían temer por su integridad física por llevar esa bandera y convocaron a todo el mundo a llevar banderas independentistas en el mismo partido de fútbol en el que habían querido homenajear el Mundial, con el fin de exaltar reivindicativamente esa bandera.
De esta manera, el 27 de agosto de 2026, el Camp Nou, el estadio del F.C. Barcelona, se llenó con decenas de miles de banderas independentistas. Como ocurre siempre, las acciones españolas contrarias al catalanismo o al independentismo catalán aumentan aún más la convicción que necesitamos liberarnos de España si queremos vivir en plenitud y libres de amenazas existenciales como pueblo.



