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Ya no basta con usar IA, ahora hay que demostrar que está bajo control

Tezy Patiño.- Durante los últimos años, casi todas las empresas se hicieron la misma pregunta frente a la inteligencia artificial (IA): ¿en qué la puedo usar? Buscaron casos de uso, lanzaron pruebas piloto y celebraron las primeras ganancias de productividad. Fue una etapa emocionante, que ya empieza a quedar atrás.

El problema es que la adopción corre mucho más rápido que el control. Según el informe State of AI in the Enterprise 2026 de Deloitte, cerca del 75% de las organizaciones planea desplegar agentes de IA en los próximos dos años, pero solo el 21% cuenta con un modelo maduro para gobernarlos. Y esa brecha ya tiene consecuencias medibles. El AI Index de la Universidad de Stanford registró 362 incidentes relacionados con IA en 2025, un 55% más que los 233 del año anterior.

Hoy los modelos generativos y los agentes autónomos no viven en un laboratorio, sino que están metidos en procesos financieros, atención al cliente, desarrollo de software, análisis de documentos y hasta ciberseguridad. Y cuando la IA toca decisiones que importan, aparece una pregunta incómoda. ¿Cómo demuestro que funciona bien y que se mantiene dentro de los límites que definió el negocio?

La duda no es paranoia, es sentido común. Un modelo puede portarse de maravilla mientras lo desarrollas y comportarse distinto en cuanto cambian los datos, el contexto o las instrucciones. Con los agentes de IA la cosa se complica más, porque consultan fuentes, eligen herramientas, ejecutan tareas y encadenan acciones antes de darte un resultado. El dato que enciende las alarmas lo aporta Writer, cuyo estudio revela que el 35% de las organizaciones admite que no podría detener a un agente de IA si se saliera de control.

“El desafío de las organizaciones ya no es solamente adoptar inteligencia artificial, sino poder demostrar cómo funciona, qué riesgos implica y bajo qué controles opera. Gobernar la IA no significa frenar la innovación, sino crear las condiciones para escalarla con confianza, trazabilidad y control”, señaló Rodrigo Cabot, gerente de Desarrollo de Negocios, Alianzas y Estrategia Tecnológica de Ecosistemas Global.

Además, la gobernanza de la IA dejó de ser un asunto voluntario. El AI Act europeo avanza hacia una regulación cada vez más concreta: desde el 2 de agosto de 2026 entraron en vigor nuevas obligaciones, mientras que otras, particularmente las relacionadas con sistemas de alto riesgo, tendrán plazos de aplicación posteriores.

El mensaje para las empresas es claro: adoptar IA ya no implica únicamente innovar, sino hacerlo bajo reglas, responsabilidades y criterios que puedan ser demostrables. Las sanciones, además, pueden llegar hasta los 35 millones de euros o el 7% de la facturación global en determinadas infracciones.