Rafael Espino.- Traducida como “Magnífica Humanidad”, es el título de la recientemente publicada ilustre encíclica del primer Papa norteamericano, Robert Prevost, León XIV, con la que edifica un programa de protección de lo humano, ante los riesgos del avance tecnológico moderno, caracterizado por el uso de algoritmos y de la inteligencia artificial.
Queda claro que la elección de su nombre hace un año, siguió la tradición de su antecesor León XIII, quien en 1891, con la publicación de su “Rerum Novarum”, en el final del siglo XIX, fijó la doctrina social de la Iglesia Católica ante la deshumanización provocada en aquella época, por la revolución industrial y el auge del comunismo.
Reconociendo los tiempos modernos, el pontífice advierte sobre la amenaza de imposición moral, de los grupos que controlan las empresas de inteligencia artificial en el mundo, anticipando el defendernos en contra de “la idolatría por el lucro que sacrifica a los débiles, la uniformidad que aplana las diferencias, la pretensión de un lenguaje único capaz de traducirlo todo, incluso el misterio de la persona, en datos y rendimientos…” En síntesis, realiza una descripción muy detallada de los altos riesgos de deshumanización por el vértigo tecnológico.
El Papa da voz a la Iglesia Católica y enuncia con claridad que el uso de la inteligencia artificial en prácticamente todos los ámbitos del quehacer humano, no sólo debe verse como un asunto técnico, sino como una cuestión civilizatoria.
Sugiere analizar, bajo los principios de subsidiariedad, bien común y solidaridad, que constituyen los cimientos de la doctrina social de la Iglesia, la utilización de la inteligencia artificial. Desarmarla y sustraerla de la lógica mercantilista, de la competición militar y cognitiva.
Critica sin mencionar directamente y es justo ahí donde el documento adquiere una relevancia muy particular, las actuales políticas de la Casa Blanca, con dedicatoria especial al presidente Donald Trump, al reiterar la importancia de superar la teoría de la “guerra justa”, como fundamento de intervenciones militares.
Alude al llamado “síndrome de Babel”, que es una metáfora con la que denuncia una humanidad en la que se pretenda sustituir toda mediación moral por cálculos tecnológicos. Señala que la fragilidad humana o el hecho de que las personas nos veamos superadas por las máquinas, no es un defecto técnico que deba eliminarse, sino, por el contrario, una parte constitutiva de la condición humana.
El Papa afirma categóricamente que la inteligencia artificial nunca es moralmente neutra. De serlo, no existirían los riesgos enunciados. Por el contrario, la inteligencia artificial se erige como una poderosa arma que puede ser utilizada por grupos de interés en contra del bienestar mayoritario de las personas. Por ello llama a desarmarla. “Desarmar quiere decir romper esta equivalencia entre poder tecnológico y derecho a gobernar. Desarmar no significa renunciar a la tecnología, sino impedirle el dominio sobre lo humano. Significa sustraerla a los monopolios, hacerla discutible, refutable y, por tanto, habitable”.
Reivindica finalmente el multilateralismo y el papel que deben necesariamente desempeñar la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y demás organismos multilaterales en esta importante tarea.



