Soc. Omar Jesús Gómez Graterol.- Para las entidades y personas naturales que practican la filantropía, uno de los asuntos de mayor relevancia reside en el hecho de que sus desembolsos verdaderamente beneficien a sus destinatarios. Lo anterior, sin diluirse en aspectos burocráticos de las “Organizaciones No Gubernamentales” (ONG) u “Organizaciones de la Sociedad Civil” (OSC), sin que se malversen o simplemente se extravíen, entre otros. Por ello, las actividades a desarrollarse deben procurar ciertas condiciones que ofrezcan tranquilidad a los financistas.
Como modo de disminuir esta incertidumbre y garantizar el buen uso de las contribuciones, los entes ejecutores y profesionales de las ciencias humanas cuentan con la planificación. Esta es una de las herramientas más importantes y poderosas para realizar acciones exitosas. Consiste en un procedimiento metódico, que posterior a un diagnóstico de la situación a abordarse, ayuda a definir objetivos, metas y establecer los pasos, así como recursos necesarios para alcanzarlos en un espacio y tiempo determinados.
Sin embargo, y a pesar de ser un instrumento que se formula basándose en variables cuantitativas (cantidades) y cualitativas (atributos o características), constantemente requiere prever un margen de error o la posibilidad de tener que hacer ajustes en su accionar. Dado que hablamos de procesos sociales que siempre son dinámicos, cambiantes y porque el comportamiento humano y la realidad no son 100% predecibles. En este orden de ideas y a la par de cualquier iniciativa, conviene contemplar planes de contingencia. Si no se aplican estas consideraciones, es posible que se produzcan complicaciones con repercusiones indeseables para quien sufraga, quien ejecuta y quien recibe el acompañamiento o respaldo.
Obviar esto al momento de efectuar auditorias es cómodo para el auditor y quizás brinda la sensación de seriedad y transparencia a los inversionistas que colaboran con la ciudadanía. Además, en Latinoamérica, donde diferentes países tienen tradición de corrupción y/o fraudes, puede parecer algo deseable y recomendable… pero suele constituir una equivocación.
Con frecuencia, al llevar a cabo las actividades con los individuos o colectivos, la propuesta inicial es propensa a ajustarse. Algunas se extienden más allá de lo previsto en principio, unas se reducen y otras ni siquiera se dan, porque el que guía se va percatando de los puntos más débiles del grupo atendido y ha de avocarse a prestarle asistencia. Es como un maestro, sabe que en el grado que se le asigna hay un promedio de horas disponibles para impartir tal o cual lección. No obstante, no todos los alumnos aprenden a igual velocidad, por lo que el docente es inducido a preparar adecuaciones al dictar sus clases.
Lo fundamental es que haya un diálogo permanente, sincero, oportuno y que fluya la información entre las partes. Ya quedará a criterio del inversor si sigue o no apadrinando un proyecto o programa que experimentó modificaciones, pero, por lo general, si las razones de las rectificaciones son válidas el apoyo continúa.



