Un partido no tiene la razón absoluta, precisamente por ser un partido. Wolfgang von Goethe, filósofo alemán
Cuauhtémoc Monreal Rocha.- Adán Augusto por fin deja la Cámara de Senadores, pero no el fuero; con él se va a seguir grillando mientras, si las cosas se le siguen poniendo feas, se le busca una embajada, como por ejemplo la de Washington D. C. o, de perdis, la de Cuba.
Por el momento, en la tierra del nopal se avecina otra reforma electoral, con el único propósito de impedir, a costa de lo que sea, que una nueva fuerza política llegue al poder, concretamente en 2030; esto bajo el argumento de que el supremo gobierno de la 4T quiere, como los empresarios, reducir los costos de las elecciones, lo cual nos parece una vil mentira.
En el fondo, lo que pretende el nuevo régimen con su reforma electoral es volver a crear un monopartidismo, tal como el de la era revolucionaria, aunque existiera otro partido, y de esta manera sostenerse en el poder por todo el tiempo que le sea posible, efectuando una farsa de elecciones como antaño, solo para taparle el ojo al macho, aboliendo toda transformación democrática que permita realizar comicios limpios, transparentes y claros, tal como lo señala expresamente la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
Morena da la impresión, con su reforma electoral, de que pretende regresar al nacionalismo revolucionario creado por Plutarco Elías Calles, Álvaro Obregón y Lázaro Cárdenas en el lejano año de 1929. Ante esta situación, ya no importará si eres de la diestra o de la siniestra, pues como ciudadanos, los mexicanos seremos manejados por un solo partido, un monopartidismo con ansias de poder, de poder absoluto.
¿Será que todo pasado fue mejor?
Por lo pronto, con esta nueva reforma electoral que será aprobada por la voz del pueblo, adiós a los colores partidistas: tricolor, bicolor y ahora solo habrá un movimiento monocolor.
Y para romper el estrés, va: ¿Qué le dice un 2 al 0? Veinte conmigo. Vale.



