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Salir a pisar el pasto

Carlos Villalobos.- Aunque hubo un tiempo en que mi ideal era no salir y resolver todo desde una pantalla, evitando filas, tráfico, contacto, básicamente porque el mundo real me parecía incómodo, lento, desgastante, hoy ocurre algo distinto. Salir, pisar pasto, sentarse en el parque a escuchar a alguien hablar sin filtros ni algoritmos de por medio, se ha convertido en un pequeño acto de resistencia.

Hace poco volví a comprobarlo.

Estar en el IAGO durante el encuentro “Nosotras presentes”, me hizo reflexionar que los procesos creativos no necesariamente existen en la lógica del scroll infinito. Un día después, en el conversatorio musical con Los Panaderos de Santa María Zoquitlán, en el museo Prehispánico Rufino Tamayo, ocurrió algo parecido. Poder entrevistar al maestro Ramiro, uno de sus integrantes, para el Tiempo Estatal de la Hora Nacional, me recordó por qué vale la pena hacer preguntas con calma, sin prisa por el siguiente tema.

Hay algo que solo sucede cuando uno está ahí, existimos y convivimos, situación que por el sector en el que me desenvuelvo a veces es complicado darse el tiempo de contemplar.

Por si fuera poco, el entorno saturado de malas noticias, de crisis encadenadas y discusiones interminables, salir al mundo físico devuelve esa humanidad, que poco a poco se diluye en nuestras manos. Y es que, aunque salir y pisar el pasto, no elimina los problemas, sí los pone en perspectiva.

Construir espacios culturales, comunitarios, de diálogo, puede parecer ingenuo frente al vendaval cotidiano, sobre todo en espacios en donde se nos ha dictado que todo hay que monetizarlo. El ciclo sin fin afecta y es que el cansancio de la rutina pesa, la sensación de que todo es complicado es sencillo de percibir; sin embargo, de la nada alguien comparte su proceso creativo, alguien canta una pieza heredada, alguien responde con honestidad a una pregunta hecha sin prisas y entonces se entiende, la humanidad vuelve a nosotros.

El mundo que hace años queríamos evitar es justamente el que sostiene lo que somos, no el mundo espectacular ni el de los grandes titulares. El importante es el otro, el que huele a tinta, a madera, a café servido en vaso sencillo, el que no necesita un like, un conteo de seguidores o engagement para validar la existencia o la pertinencia

El ejercicio de pisar el pasto nos permite recordar que somo cuerpos en espacios en común y que es necesario reunirnos, escucharnos y construir espacios colectivos.

Volvamos al encuentro, sembremos humanidad, para cosechar comunidad

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