Dr. Fernando A. Herrera M.- El expresidente Andrés Manuel López Obrador eligió el peor momento para romper el supuesto retiro. El 3 de junio publicó en redes una carta de cinco páginas titulada “Por el bien de todos, que regrese el otro Trump”, donde ofrece respaldo “sin condiciones” a la presidenta Claudia Sheinbaum y lanza una reflexión sobre Donald Trump.
La carta denuncia la actitud injerencista de Washington y atribuye “el sorprendente cambio de Trump a sus falsos amigos y consejeros internos y del exterior que lo han estado embarcando en viles y siniestras aventuras”. Recuerda que con él sí hubo acuerdos en migración, comercio y seguridad pese a las diferencias, y cierra pidiendo que vuelva la actitud de su primer mandato: “Por el bien de todos, que regrese el otro Trump”.
El problema no es el diagnóstico, es la forma. Y la forma es fondo. Personalizar el conflicto contra los asesores de Trump y apelar a la nostalgia de 2019 no va a desactivar la injerencia. Trump nunca responderá a una corrección pública con moderación, su ego siempre lo lleva a responder escalando y, a veces, con furia y exabruptos. En año electoral estadounidense, una carta así, se convierte en abono perfecto para el ala dura, como el movimiento MAGA, que quiere mostrar a México como un vecino que necesita ser disciplinado.
Peor aún, el texto, en realidad es un autoelogio con el objeto de opacar y regañar a quien dice defender. Cada párrafo es para recordar el yoyo, lo que “yo logré”, lo que “yo acordé”, lo que “yo hacía funcionar”. Aunque alguna frase sea de apoyo, el subtexto no es otra cosa que la tutela: Sheinbaum necesita de él, necesita que le ayude y la corrija. Y, de manera equivocada pretende prestarle una relación que tuvo con Trump, solo que se le pasó la mano contra el mandatario vecino. En diplomacia pueden leerlo como quieran, acá en mi rancho es: no me ayudes compadre.
Y el reto de egos llega cuando hay menos margen. El T-MEC está en plena revisión para renovarlo por otros 16 años, que es la posición formal de México. La semana pasada concluyeron la primera ronda entre México y Estados Unidos; la siguiente será en Washington el 16 y 17 de junio, y una tercera el 20 de julio en Ciudad de México. La revisión debe finalizar el 1 de julio. Es decir, estamos a días de definir reglas de origen, aranceles y certidumbre para el grueso de nuestras exportaciones.
En ese calendario, una carta de ego provocador no ayuda, sino que propicia que del otro lado suban la apuesta. Ya hay propuestas de aranceles por trabajo forzoso y presiones sobre autos y acero mientras se negocia. Darles el argumento de que México politiza el tratado de extradición solo facilita que vinculen el comercio con la seguridad y, de paso, con narrativa electoral.
Aquí entra el punto más delicado. La presidente desde el Monumento a la Revolución dejó claro que los narcopolíticos son nuestros narcopolíticos y de nadie más. Ninguna oficinita de Washington los va a depurar por nosotros, ni estamos dispuestos a exportar a nuestros políticos acusados de corrupción o de asociación con el crimen organizado. La soberanía, como la explicó la presidente, implica asumir que la limpieza es una tarea interna, sin ningún espectáculo binacional.
La carta es contraproducente en tres niveles. Táctico: convierte una disputa de Estado en un juicio moral sobre el entorno de Trump, lo que cierra canales. Político: debilita a Sheinbaum al presentarla como heredera de una relación personal, no como Jefa de Estado con margen propio. Estratégico: coincide con la ventana más sensible del T-MEC y le da munición a quienes quieren condicionar comercio a seguridad.
“Por el bien de todos” no puede significar invocar al Trump de 2019 como si tuviera un botón de reinicio. Significa actuar con frialdad: respaldo institucional sin adjetivos, datos duros de cooperación, procesos creíbles contra la corrupción y una sola voz hacia afuera. Si el gobierno va a sostener que los narcopolíticos se juzgan aquí, que se juzguen de verdad, no con expedientes para la foto.
En vísperas del 16 y 17 de junio en Washington y del cierre del 1 de julio, lo más soberano que puede hacer López Obrador es guardar silencio.
Lo más útil que puede hacer el gobierno es mostrar hechos, no cartas. Porque cuando la soberanía se declama, pero no se ejerce, la injerencia no cesa, se justifica. Y eso es exactamente lo contrario a lo que México necesita.
Dr. Fernando A Herrera. Periodista y politólogo, es Doctor en Administración por la UACH. Presidente del IEE Chihuahua (2006-2015); presidente de Instituciones Electorales de las entidades federativas en México (2014). Es autor de la trilogía “Secretos” filosofía para la vida cotidiana. Presidente y director general de chihuahuaexpres.com.mx
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