Dr. Fernando A. Herrera M.- El calendario interno del PAN, que definirá cómo y cuándo se jugará sus candidaturas, ya fue dado a conocer.
Este proceso interno que viene no se parece a ninguno del pasado, ya que por primera vez la convocatoria no está pensada para la militancia, sino que se abre para cualquier ciudadano que quiera registrarse desde una aplicación con su credencial, por lo que este cambio de puerta es el fondo para revolucionar al PAN.
De acuerdo con lo que ya se ha anunciado por el CEN del PAN, es un camino que se definirá en cinco tiempos.
Primero, el registro digital abierto, luego vienen las entrevistas y un filtro técnico para pasar a la parte territorial en la que irán a la recolección de firmas y la realización de foros regionales donde los aspirantes tienen que demostrar que son conocidos en su distrito o municipio.
Después vendrá la cuarta etapa, en la que se darán los contrastes y los debates entre los finalistas y la última fase será la decisión ciudadana, mediante encuestas y, en algunos casos, se realizarán las elecciones primarias abiertas.
Los tiempos en que ocurrirá es lo que dará forma a la estrategia de recuperar su imagen como partido. Con este plan estratégico, las reglas formales del proceso interno se presentarían entre finales de abril y mayo, que será el banderazo. De ahí hasta el verano se despliegan los foros y la presentación pública de perfiles. Agosto aparece en todas las conversaciones como fecha fatal para tener una definición estatal, porque después ya no les daría el tiempo para organizar su estructura. En septiembre arrancarían las mediciones nacionales, una vez iniciado el año electoral.
Todo está planeado para que en enero del 2027 comiencen precampañas.
El calendario está pensado, pero tiene riesgos. Adelantar la discusión al verano obliga a los aspirantes a hacer campaña de a pie, a conseguir firmas reales y a debatir, no solo a negociar. El riesgo es que abre dos frentes al mismo tiempo: por un lado, miles de registros ciudadanos que habrá que depurar sin que parezcan vetos discrecionales y, por otro, la expectativa de apertura total que puede chocar con la necesidad de cerrar filas desde agosto.
Si el PAN logra que la fase de foros y debates sea visible y que las encuestas sean creíbles, llegaría a enero con candidaturas fuertes y legitimadas por la ciudadanía que no forma parte de su padrón. Si, por el contrario, el proceso se alarga más allá de agosto, o la medición de septiembre se percibe como una simulación, el efecto podría ser inverso con el desgaste interno y candidaturas cuestionadas.
En el fondo, la estrategia de revitalizar y recuperar la imagen de un partido que tiene historia está en juego. Será la ciudadanía la que decida si le cree al PAN y entra de lleno en este juego democrático.
Yo le creo al PAN y me parece que serán la única opción viable para impedir a Morena apoderarse de Chihuahua, pero también deben invitar a los otros partidos. Además de lograr salir unidos del proceso.
México, entre una aprobación que apenas aguanta y la confianza que ya se rompe
Todo gobierno se puede derrumbar por la falta de dinero en el bolsillo de su gente y nuestro México entró este año en ese dilema.
Aunque la presidente conserva algo de capital político, incluso, sobre niveles que cualquier mandatario envidiaría, por primera vez en este segundo sexenio de la llamada Cuarta Transformación, la percepción del consumidor ya se refleja divorciada de la aprobación presidencial.
Los números incómodos vienen de múltiples factores.
Una encuesta de LatAm Pulse de AtlasIntel para Bloomberg News, levantada del 24 al 28 de abril entre 2,948 personas, ubica la aprobación de la presidente en 51%, tres puntos por debajo de los que obtuvo en marzo y 15 puntos abajo de lo que tenía hace un año.
En un corte previo, la misma encuesta reportaba 54% de aprobación, pero con 41% de desaprobación que se desplomó cinco puntos más en el último mes.
Las mediciones nacionales, como es entendible, la colocan más arriba, pero, aun así, se confirma la erosión de su popularidad. Por ejemplo: El Financiero midió 69% de aprobación en mayo con 31% de desaprobación y Mitofsky reportó 69.6% en junio. La diferencia de 18 puntos con Bloomberg se explica por la metodología utilizada, no por la tendencia, porque, aunque hay esas diferencias, todas marcan lo mismo: Aquel pico de 85% de febrero de 2025 se fue para no volver.
Mientras discutimos si es 51% o 69%, el consumidor emite un veredicto claro: no tengo dinero o no me alcanza para lo básico.
De acuerdo con la encuesta nacional sobre confianza del consumidor del INEGI, la confianza del consumidor lleva 17 meses en retroceso. La percepción sobre la situación económica del país en este año cayó a 43 puntos, el nivel más bajo desde agosto de 2020.
La gente que responde a las encuestas dice que no puede comprar electrodomésticos ni muebles y, aunque no le pega directo a la 4T, sí confirma que ya no le alcanza para su gasto.
¿Por qué se pierde la confianza si el empleo formal no ha colapsado? Hay dos anclas que el gobierno no ha querido o no ha podido resolver: Seguridad y, recientemente, la revisión anual a la que fue enviado el acuerdo comercial o T-MEC.
En la seguridad, los sondeos de El Financiero que le da 69% de aprobación a la presidente reconoce que la percepción negativa sobre el desempeño en seguridad es tremenda.
La inseguridad es un impuesto invisible porque no se refleja en la inflación sino en la confianza.
En el caso del T-MEC ralentizado a revisión anual, propicia que el mercado opere con cautela. Por ejemplo, en la semana el peso retrocedió antes de que se diera la decisión que ahora está sobre el T-MEC y los estadounidenses se alistan para la tercera ronda el 20 de julio. Pero algo está claro: el esquema de revisión anual altera la variable económica fundamental de la confianza.
Ese es el punto que el discurso oficial no quiere reconocer porque la revisión del T-MEC dejó de ser un trámite técnico para convertirse en una revisión de política anual ligada a la seguridad nacional de los Estados Unidos.
Nuestra economía vive de exportar 80% de lo que produce a los Estados Unidos, así que no puede planear si cada 12 meses le pueden cambiar las reglas.
Las empresas posponen cualquier ampliación, sus directivos no contratan y, lo peor, el consumidor no compra.
Sheinbaum heredó un gobierno que funcionaba con dos anclas: Los programas sociales que sostienen su aprobación y el nearshoring que sostenía la expectativa. Ahora los programas sociales siguen, pero la segunda ancla se puso en pausa.
Estamos en un país que aprueba a su presidente, pero reprueba su futuro económico.
La historia política de México enseña que la aprobación es un colchón, no el piso; ese colchón aguanta golpes, pero si el consumidor acumula 17 meses cayendo, el colchón se arruina.
El 51% de Bloomberg no es una falsedad sino un aviso a tiempo de hacia dónde se está moviendo el 69% de la gente, y si no hay un golpe de timón en seguridad y en la certidumbre, caeremos en picada.
La presidente todavía tiene margen. En el primer año o tal vez en julio pueda proponer un acuerdo claro, sin letras chiquitas para revertir la decisión de Trump, pero en tanto no coopere en la política de seguridad que quieren los vecinos, y a la que también apuestan los ciudadanos mexicanos, no habrá trato que valga.
Sin eso, México seguirá, por un breve tiempo, aprobando a su presidente en encuestas, pero llegará el momento en que ya no apruebe ni a una… Ni a lo otro.
Dr. Fernando A Herrera. Periodista y politólogo, es Doctor en Administración por la UACH. Presidente del IEE Chihuahua (2006-2015); presidente de Instituciones Electorales de las entidades federativas en México (2014). Es autor de la trilogía “Secretos” filosofía para la vida cotidiana. Presidente y director general de chihuahuaexpres.com.mx
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