Dr. Alfredo Morales González.- Todos perseveramos para alcanzar las cosas que creemos importantes. La prisa y la falta de paciencia en los adultos enseñan a los niños a vivir en un estado constante de alerta y preocupación.
Puede ser que en cierto momento de nuestras vidas creímos que el dinero sería la respuesta, que el éxito era lo más importante y que el amor inagotable de una hermosa persona nos daría la felicidad. Usamos la palabra alegría con mucha frecuencia; sin embargo, en la mayoría de los casos no sugiere una alegría verdadera. Se acercan más bien a un “estado de ánimo” que a cualquier otra cosa.
Sin embargo, cuando obtenemos cada uno de estos logros, nos damos cuenta que no son suficientes. Y empezamos a valorar lo que se encuentra dentro de nuestro interior y que no se ve, no se compra y no se acaba.
La virtud nos acompaña siempre en silencio ya que es una cualidad moral positiva y excelencia humana para mejorar la vida, ética y alcanzar la plenitud personal. Y podemos simplificarla en sus tres principales tipos que la conforman: una es la virtud cardinal, que comprende la prudencia, justicia, fortaleza y templanza. La segunda virtud es la moral, ya que trata del hábito de obrar bien y con bondad, y la tercera clasificación es la virtud teológica que trata de fe, esperanza y caridad.
Pero si los niños aprenden imitándonos; si ven a un adulto estresado o acelerado, asumen que el mundo es un lugar amenazante e impaciente. Y desde luego ajeno a cualquier tipo de virtud que pueda existir. Además, la prisa constante eleva el nivel de cortisol (la hormona del estrés) en el cerebro del niño, dificultando que regule sus propias emociones.
Todo esto afectará a los niños desde su conducta, sentir miedo al error, baja autoestima, ansiedad e hipervigilancia,viviendo en alerta permanente, intentando anticiparse al enojo o mal humor de los padres. Dependencia emocional, buscando la aprobación externa de manera desesperada o tolerar tratos injustos por miedo a la soledad. Y finalmente, problemas de identidad, ya queles cuesta saber qué les gusta o qué quieren, puesto que crecieron cumpliendo las expectativas de otros.
Algunas recomendaciones que hacen los expertos de manera y formas para interrumpir el ciclo, es ser más pausados en el diálogo con los niños sin reaccionar de manera tan impulsiva; también se considera valorar sus tiempos, ya que los niños procesan el mundo más lento que los adultos; la prisa y forzarles solo aumenta su pánico o frustración.
Y lo que me da gran gusto es que se ha ido concientizando la importancia de eliminar las pantallas, celulares y tabletas en las escuelas. A partir del 3 de noviembre de 2026, entra en vigor el acuerdo nacional de la Secretaría de Educación Pública (SEP) que restringe el uso de teléfonos celulares, tabletas y otros dispositivos electrónicos personales dentro de las escuelas de México. La medida fue publicada en el Diario Oficial de la Federación (DOF), tras un acuerdo unánime de las autoridades educativas del país.
Por otra parte, la Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF) reconoce como un primer paso necesario la restricción del uso de celulares, con la salvedad de que sin la voz de las familias y sin acciones de mayor alcance, la medida resultará insuficiente.
Para fortalecer la autoridad de los docentes, se requiere mucho más que retirar celulares, por lo que será necesario aterrizar con una normativa integral, instando a definir limitaciones y responsabilidades, entre otras, ya que al dejar ambiguo este rubro, se corre el riesgo de quedar en las mismas condiciones o en su caso puede empeorar en perjuicio de los docentes.
En la educación Básica (Inicial, Preescolar, Primaria y Secundaria) de escuelas públicas y privadas, la restricción es la más estricta, ya que se plantea que durante toda la jornada escolar el uso personal de celulares y pantallas queda prohibido, tanto en las horas de clase como en el recreo o los descansos.
Para el caso de Educación Media Superior y Superior, como es el caso de Bachillerato / Preparatoria,no se aplica una prohibición absoluta general. Cada plantel o subsistema educativo deberá acordar con su comunidad escolar sus propias reglas y limitaciones para promover un uso responsable y seguro orientado a fines pedagógicos. Y respecto a la Educación Superior (Universidades) se respeta la autonomía de las instituciones para dictaminar sus propias disposiciones.
El propósito principal de esta medida, impulsada por el gobierno federal, es mejorar la atención y los procesos de aprendizaje en el aula, combatir la adicción a las pantallas digitales y fomentar la sana convivencia y actividad física durante los recesos escolares. Y sobre todo, devolver la paz, libertad y creatividad a nuestros niños y jóvenes estudiantes.
La ansiedad puede estar presente en la familia, pero no porque es una condición genéticamente heredada, aunque algunas personas son más propensas a la ansiedad que otras. Es porque la ansiedad es un comportamiento aprendido que los padres o los tutores transmiten a sus hijos sin hacerlo a propósito. No se trata tanto sobre intentar no cometer errores, sino más sobre ser un modelo para los hijos en cómo hay que rectificar las equivocaciones.
Por eso, es de gran utilidad participar en los grupos de padres de familia de nuestras escuelas, iglesias e instituciones del desarrollo familiar, para mantener conversaciones con nuestra comunidad y ayudarnos los unos a los otros para aprender mejores formas y herramientas de actualización en nuestra educación, mejorando la comunicación y teniendo relaciones más cercanas, amorosas y sanas con nuestros hijos, aun en aquellos que se encuentren estresados, ansiosos o deprimidos por todo lo que acontece a nuestro alrededor.

