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Los gobernantes pierden el piso

Fernando Antonio Herrera Martínez.- Resulta difícil gobernar, porque quedar bien con todos es imposible. No hay gobernador que lo haya conseguido jamás. Los hay que salieron con cierta aceptación de la sociedad y se mueven en ella sin mayores problemas, hay otros que se saben repudiados y no soportan el descrédito público, por lo que abandonan su tierra.

Pero también los hay cínicos que pretenden quedarse como si nada pasara y hasta pretenden convivir con la sociedad a la que le fallaron. Ejemplos hay varios, pero no viene al caso mencionarlos porque es público quiénes son los exgobernadores vivos y qué lugar ocupa cada uno ante la gente.

Hay algo muy difícil de asimilar por quienes gobiernan un municipio, un estado o un país. El poder, y no por el poder mismo, sino por la gente de que se rodean, entre los que hay quienes de verdad hacen equipo y se dedican a trabajar por un proyecto, pero hay otros que encuentran algo mejor que trabajar y son felices llenando de lisonjas y elogios a quien los invitó a trabajar.

Desafortunadamente ha habido presidentes municipales, gobernadores y presidentes de la República que han preferido los elogios y sentir que fueron bordados a mano y que son lo máximo que existe sobre la tierra; incluso empiezan a creerse predestinados y pierden el piso cayendo en las garras del síndrome de hybris (trastorno que se caracteriza por generar un ego desmedido, aparición de excentricidades y desprecio hacia las opiniones de los demás).

Se trata de la desmesura, falta de control sobre impulsos que se inspiran en pasiones exageradas, tan es así que en la mitología griega se creía que cuando los dioses querían destruir a alguien primero lo volvían loco.

Desafortunadamente hay ejemplos de alcaldes, gobernadores y presidentes de la República que padecieron el síndrome, pero resulta obvio e inútil dar nombres cuando todos sabemos quiénes fueron víctimas del poder.

Por eso es muy importante darle seguimiento al trabajo de los funcionarios, uno por uno, y deshacerse a tiempo de los flojos y los barberos, aunque de estos últimos abundan dentro y fuera del gobierno y son como los dioses que para destruir primero los vuelven locos.

Otro error que se comete es pensar que los planes del gobernante son los de la sociedad que va a gobernar. Es muy común creer que ya se sabe todo lo necesario para hacer un buen gobierno, pero siempre será mejor preguntarle a la gente qué es lo que quiere y en qué prioridades.

Terquedades

Los policías municipales están muy amolados en sueldo y prestaciones, por lo que hace falta capacitarlos mediante programas en acuerdo con educación para los adultos para que terminen secundaria y prepa y si se puede dejarlos ir a la universidad sería todavía mejor. Pero el sueldo es una de las asignaturas pendientes y hay que hacer el mejor esfuerzo para pagarles mejor.

Mientras no completen el chivo seguirán “jalando” como hasta ahora.

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