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Las historias no tienen código postal

Sebastián Cabrera: el cineasta que convirtió una ciudad pequeña en una ventana al mundo

Mario Álvarez Porras.- Las películas comienzan mucho antes del primer “acción”. Empiezan cuando alguien decide mirar donde otros pasan de largo.

Sebastián Cabrera aprendió a observar desde Camargo, Chihuahua, una ciudad donde pocos imaginarían el nacimiento de una carrera cinematográfica internacional. Mientras muchos jóvenes buscan salir para encontrar oportunidades, él decidió llevar una historia desde su comunidad hacia el mundo.

Su camino lo llevó a Canadá, donde estudió y trabajó dentro de la industria cinematográfica, participó en diversas producciones y conoció los procesos profesionales detrás de una película. Pero la experiencia internacional no borró sus raíces; al contrario, lo llevó a regresar con una convicción: las grandes historias no pertenecen únicamente a las grandes ciudades.

Esa idea se convirtió en “Zona Roja”, un cortometraje que explora la violencia desde la perspectiva de un joven que enfrenta una realidad que transforma su manera de ver el mundo. La producción, realizada con talento camarguense, alcanzó reconocimiento en el Florence Film Awards, de Italia.

Sin embargo, para Cabrera, el mayor logro no está únicamente en el premio, sino en haber demostrado que una comunidad puede convertirse en un espacio de creación cuando existe liderazgo, confianza y una visión compartida.

“El cine no era un pasatiempo; era la forma en la que quería vivir”

—Sebastián, antes de los festivales y los reconocimientos, ¿cuándo descubriste que el cine sería tu proyecto de vida?

Desde niño. Siempre me han gustado las películas. Hacía pequeños cortometrajes con mis amigos porque era lo que disfrutaba hacer.

Con el tiempo entendí que esa pasión podía convertirse en una profesión. Cuando tuve la oportunidad de estudiar y trabajar en la industria cinematográfica de Canadá confirmé que estaba en el lugar correcto.

Ahí descubrí algo importante: una película no nace de una sola persona. Nace de la colaboración, de un equipo que cree en una misma idea y trabaja para convertirla en realidad.

Ese momento confirmó que el cine no era un pasatiempo para mí; era la manera en la que quería construir mi vida.

“El talento existe; lo que faltan son oportunidades”

—Naciste en Camargo, lejos de los grandes centros cinematográficos. ¿Alguna vez sentiste que ese origen podía limitarte?

Nunca lo vi como una limitación. Claro que muchas personas me expresaban preocupación porque sabían que el cine es una industria competitiva y con mucha incertidumbre. Lo hacían desde el cariño.

Pero también aprendí que muchas veces los límites existen más en la percepción que en la realidad.

Mi experiencia en Canadá me permitió conocer una industria distinta, colaborar con grandes profesionales y entender que el talento puede encontrarse en cualquier lugar. La pregunta no debería ser de dónde vienes, sino qué estás dispuesto a construir.

“El mayor costo ha sido la incertidumbre”

—¿Cuál ha sido el precio más alto de perseguir una carrera cinematográfica?

La incertidumbre. En esta industria no tienes garantías. Hay momentos donde debes confiar en tu preparación, en tu equipo y en la razón por la que comenzaste.

El cine me enseñó que las oportunidades no siempre llegan; muchas veces hay que crearlas. Eso implica tomar riesgos, aprender constantemente y salir de la zona de confort.

“Zona Roja nació para hablar de personas, no de violencia”

—El cortometraje aborda un tema complejo. ¿Qué querías provocar en el espectador?

Nunca quise que la violencia fuera el centro de la historia. Lo que me interesaba era mostrar a las personas que existen detrás de esas realidades. Detrás de cada noticia hay seres humanos con historias, emociones y decisiones difíciles.

Si al terminar la película alguien se queda pensando, cuestionando algo o viendo una realidad desde otra perspectiva, entonces el cine logró su propósito.

“Dirigir también es aprender a confiar”

—Decidiste trabajar con actores camarguenses. ¿Fue una apuesta artística o una apuesta por tu comunidad?

Fue ambas. Buscaba autenticidad, pero también quería demostrar que el talento estaba aquí.

Muchos de ellos son amigos con quienes desde jóvenes compartíamos esa pasión por contar historias. Antes de estudiar cine ya imaginábamos escenas, tomábamos fotografías y soñábamos con hacer proyectos.

Cuando llegó la oportunidad, sabía que quería que ellos fueran parte. Para mí, dirigir no significa imponer una visión; significa reunir personas capaces de aportar algo único a una historia.

“Un líder no solo descubre talento; crea espacios para que aparezca”

—¿Qué viste en tus actores que quizá ellos mismos todavía no habían descubierto?

Vi pasión. Vi personas dispuestas a aprender, a equivocarse y a crecer. Durante los ensayos ocurrió algo muy especial: dejaron de pensar solamente en interpretar un personaje y comenzaron a comprenderlo.

Eso es lo que hace especial a un equipo: cuando cada persona deja de pensar únicamente en su tarea y comienza a sentirse parte de algo más grande.

“El premio fue colectivo”

—Cuando recibiste el reconocimiento en Italia, ¿qué pensaste primero?

Pensé en todas las personas que hicieron posible la película.

El premio fue una alegría enorme, pero también fue la confirmación del esfuerzo de un equipo. Hubo días difíciles, largas jornadas y muchos retos durante la producción.

También fue muy especial compartir ese momento con mi esposa. Ella ha acompañado este camino y entiende lo que significa perseguir una pasión.

“México tiene talento en todos sus rincones”

—¿Qué necesita México para que más historias puedan surgir fuera de las grandes ciudades?

Más oportunidades. El talento está distribuido por todo el país; las oportunidades no.

Necesitamos seguir creando espacios donde los jóvenes puedan desarrollar sus capacidades sin pensar que obligatoriamente deben abandonar sus comunidades para lograrlo.

“El cine comienza antes de encender una cámara”

—¿Qué le dirías al Sebastián que comenzaba grabando con recursos limitados?

Que no espere a que alguien le abra una puerta. Que aprenda, que se equivoque, que siga intentando y que disfrute el proceso.

Muchas de las cosas más importantes empiezan con algo sencillo: una idea, una cámara y la decisión de intentarlo.

“Mientras siga buscando historias, seguiré siendo cineasta”

—Si mañana desaparecieran las cámaras, los premios y los festivales, ¿seguirías siendo cineasta?

Sí. Porque antes de aprender a filmar aprendí a observar. El cine no empieza cuando enciendes una cámara; empieza cuando decides prestar atención a las personas.

Mientras siga buscando historias que valga la pena contar, seguiré siendo cineasta.

La lección detrás de la cámara

La historia de Sebastián Cabrera no es únicamente la de un director que obtuvo un reconocimiento internacional. Es la historia de alguien que entendió que liderar también significa abrir caminos para otros.

“Zona Roja” representa una idea poderosa: las grandes historias no necesitan un gran escenario para existir. Necesitan personas capaces de verlas, construirlas y defenderlas.

Porque el talento no tiene código postal. Lo que necesita es una oportunidad.

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