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La presidente elegirá mentor y movimiento

Dr. Fernando A. Herrera M.- En 48 horas el gobernador de Sinaloa pasó de “no me muevo, no pasa nada” a pedir licencia de madrugada.

El detonador no fue una investigación mexicana. Fue la acusación del Departamento de Justicia de Estados Unidos el pasado 29 de abril, que lo señala a él y a otros nueve funcionarios por vínculos con el Cártel de Sinaloa y la facción de “Los Chapitos”.

Rocha fue obligado a separarse “para facilitar” la indagatoria de la FGR, el Congreso de su estado se la aprobó por unanimidad y la presidenta Claudia Sheinbaum respondió pidiendo pruebas a Washington y advirtiendo contra motivaciones políticas.

Ahí empieza el dilema: No es jurídico, es político, pero se resuelve con una pregunta simple: ¿la presidenta actuará como Jefa de Estado o como jefa de facción?

Lo que debería hacer

Debería hacer tres cosas que no cuestan lealtad, pero requieren carácter.

Primero, separar a la persona del cargo y del movimiento. Decir en público que la licencia no basta, que Morena no es fuero ni refugio. Ordenar a la FGR una carpeta abierta, que se transparente y, con tiempos, que la UIF actúe congelando cuentas y ordenar una revisión de la campaña de 2021 para publicarla.

Segundo, cooperar sin teatrito de soberanía. Si el Distrito Sur de Nueva York afirma tener transferencias, chats y rutas de fentanilo, que México pida el expediente completo por la vía del tratado, lo traduzca y lo ponga sobre la mesa.

Tercero, congelar la operación política en Sinaloa. Que Yeraldine Bonilla no se acomode para que nada cambie. Nombrar un contralor externo que audite contratos de seguridad de los últimos tres años y dictar medida cautelar al alcalde de Culiacán, que también pidió licencia, y demás coacusados.

Que nadie quede fuera de la lupa.

Lo que va a hacer

Pero ella va a hacer lo que dicta la lealtad, no la ley. Va a estirar el “pruebas, pruebas, pruebas” para intentar ahogar el caso en tecnicismos. También repetirá hasta el cansancio que no hay precedentes y que Estados Unidos interfiere.

La presidente va a proteger el relato. Rocha dirá que las acusaciones son “falsas y dolosas”, el movimiento-partido cerrará filas y desde Palacio tratarán de administrar el silencio con ayuda de sus focas.

En resumen, ni respaldo explícito ni deslinde real. La FGR abrirá una investigación lenta, sin detenidos, sin congelamientos y apostando a la flaca memoria colectiva.

¿Por qué? Porque Rocha no es un gobernador cualquiera, es un operador clave del obradorismo en el Pacífico, muy cercano a AMLO.

Romper con él es romper con una forma de hacer política donde la lealtad vale más que la hoja de servicios.

No hace falta hablar de complicidad penal para hablar de complicidad política. Basta con mirar el patrón: cuando desde allá tocan a un aliado, la respuesta es la misma. Ahorcar al mensajero, invocar la soberanía, todo para ganar tiempo. No es defensa de inocentes, es defensa de cuadros.

Sheinbaum cree que abrir la investigación le da la coartada perfecta: “no cubrimos a nadie, la fiscalía ya investiga”. Pero en los hechos, esa frase será un paraguas. Mientras la investigación de la FGR no avance, la extradición no procede.

La cereza sería si Morena conserva Sinaloa. Al costo que sea, la presidente elegirá a su mentor nunca al Estado.

Dr. Fernando A Herrera. Periodista y politólogo, es Doctor en Administración por la UACH. Presidente del IEE Chihuahua (2006-2015); presidente de Instituciones Electorales de las entidades federativas en México (2014). Es autor de la trilogía “Secretos” filosofía para la vida cotidiana. Presidente y director general de chihuahuaexpres.com.mx

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