Dr. Fernando A. Herrera M. (*).- Ya no administra. Juega. Y juega con todos. No es la novata que mide cada palabra en la mañanera; es la presidenta que deja sufrir, que deja correr el rumor y que, cuando quiere, perdona con una palmadita. Le empieza a saber el poder y se nota porque ya se permite reírse en público de lo obvio.
Primer juego: el padre preocupado
Durante dos semanas mantuvo a Marcelo en el banquillo. Confirmó con “cara dura” la investigación por la estancia de su hijo en la embajada de México en Londres, seis meses en plena pandemia en la mejor habitación con vista a Belgrave Square, y dejó que la Secretaría Anticorrupción abriera el expediente “de manera automática” tras las quejas.
Ebrard tuvo que salir a explicar lo inexplicable con la coartada universal de la política mexicana: No veo en ello ningún abuso de mi parte, salvo la preocupación de un papá por un hijo. “No usamos ningún recurso indebidamente”.
La presidenta lo dejó cocerse. No lo defendió, no lo condenó. Se rió por dentro y evadió. Y apenas el viernes, con el escándalo casi listo para juicio y el PAN presentando denuncias, decidió ser magnánima y habló bien del trabajo de Marcelo, que, soltó el aire. Pero algo dejó clarísimo: el castigo fue la espera. Y el perdón, una gracia presidencial.
El abuso en Londres quedará en el olvido, no porque se haya aclarado, sino porque ella decidió que fue suficiente el teatrito.
Ahí está la ironía: convierte un posible peculado en anécdota de paternidad responsable y pide, sin decirlo, que celebremos su magnanimidad.
Segundo juego: la risa en Sinaloa
El jueves, en la inauguración del megaproyecto Mexinol en Sinaloa, el embajador de Estados Unidos, Ronald Johnson, le soltó una reprimenda en la cara: Las inversiones necesitan certeza, seguridad y un entorno libre de corrupción para prosperar en México. La inversión es como el agua: fluye cuando existen las condiciones adecuadas y desaparece cuando no las hay.
Cualquier otro presidente habría respondido con datos o con propósitos. Ella no. Contestó con media sonrisa y, describió El País, con un seco “es lo que estamos haciendo”. Y deja claro que es con ambos. Estados Unidos y México.
No se rió del embajador. Se rió del hecho. Se rió porque ambos saben la verdad: en Sinaloa no hay esas condiciones… y en buena parte del país tampoco. Se rió como quien escucha un chiste viejo y no finge sorpresa. Es la cachaza del poder: no necesita decirle a Johnson lo que él sabe y deja constancia de que acá ella marca el tono.
Una presidenta que administra en vez de combatir, que no defiende por convicción sino por cálculo, que no promete otro país, mejor se burla de quien lo espera. Puede que aún no gobierne del todo, pero, por lo menos el poder ya lo disfruta.
(*) Dr. Fernando A Herrera. Periodista y politólogo, es Doctor en Administración por la UACH. Presidente del IEE Chihuahua (2006-2015); presidente de Instituciones Electorales de las entidades federativas en México (2014). Es autor de la trilogía “Secretos” filosofía para la vida cotidiana. Presidente y director general de chihuahuaexpres.com.mx
Sígueme en mis redes:
https://www.youtube.com/@Chihuahuaexpres
En Facebook Fer Herrera Sota, Caballo y Rey
En el portal informativo chihuahuaexpres.com.mx
O en X (Twitter) Fernandoherrera.me
E-mail: fernando.herrera@chihuahuaexpres.com.mx

